Sánchez crea precedentes

Desde el minuto uno de la legislatura, el presidente del Gobierno ha venido creando precedentes. Desde hace ya dos años, estamos asistiendo a posicionamientos, pactos, socios y un gobierno legítimo pero absolutamente inédito en la democracia española.

Sin afán de entrar en un recorrido exhaustivo de esta primera mitad de legislatura, bastan algunos ejemplos. En cuarenta y ocho horas se firmó un acuerdo de coalición con quien le quitaba el sueño y lo hizo con absoluta naturalidad. Con el paso del tiempo, este gobierno de coalición se vio y se ve sometido a profundas diferencias internas que, vistas desde fuera, llevaban a pensar que la salud del Ejecutivo no era tan buena como decían. El último ejemplo es la polémica generada a raíz de las declaraciones del ministro Garzón. El presidente se lamenta una y otra vez, salen otros ministros a puntualizar… pero todos tranquilos porque el ejecutivo funciona como un reloj. Nadie se despeina.

Este ejecutivo depende de unos socios que se caracterizan, unos, por sus pretensiones no contempladas en la Constitución y otros, por su incapacidad para reconocer públicamente que ETA no fue otra cosa que una organización terrorista que asesinó sin piedad. Y no solo no pasa nada, sino que quienes les ríen las gracias (sin gracia alguna), aseguran que no pasa nada y que si las cosas son como son es por culpa de un PP echado en brazos de VOX, olvidando que entre los deberes institucionales de un presidente de Gobierno está el hablar con la Oposición por mucho que esta le repugne.

Al parecer, una mayoría del PSOE, que no todos, piensa que los españoles digieren mejor la reunión de Adriana Lastra con Bildu para pactar una reforma laboral que el hecho inaudito de que no se ha producido que un encuentro en Moncloa entre Pedro Sánchez y Pablo Casado desde hace meses. Por supuesto, las relaciones con Cataluña son estupendas pese a los avisos de Aragonés y ERC es un socio con sentido de Estado…. ¡Lo que hay que oír!

Se podrían añadir más episodios que han generado precedentes, pero no parece necesario aumentar la lista. Así las cosas, no estaría de más que si Pablo Casado llega a Moncloa tomara nota de este manual de resistencia, de tal forma que, cuando desde el partido de Abascal, cuyo apoyo será imprescindible según los sondeos, surgen declaraciones poco o nada aceptables, si surgen tensiones, si tiene que navegar en permanente contradicción, se acuerde de Pedro Sánchez y diga eso de que todo va bien, que el acuerdo funciona y que se lamente si es que tiene motivos para el lamento y se quede ahí, en el lamento. De Sánchez debería aprender cómo se consigue un partido en el que lo importante no es que haya fuego –que no lo hay– sino que no se vea el humo. En el PP hay, cuando menos, ascuas y encima se ve el humo por mucho que de una foto se saquen conclusiones de unidad bien alejadas de la realidad.

Las encuestas, de momento, son favorables al PP, pero la encuesta decisiva es la que dictan las urnas y si estas no fueran favorables para el Gobierno, el PSOE no tendrá derecho al lamento. Todos han callado, han obedecido sin rechistar, no se ha planteado debate serio alguno sobre la deriva del Gobierno y por lo mismo, todos ellos serán responsables de una eventual derrota en las urnas. Son muchos los socialistas que contemplan la situación con una pinza en la nariz pero, mientras respiran por la boca, darían cualquier cosa por tener una Ayuso. “Si la tuviéramos, Pedro se habría abrazado a ella desde el primer momento”, asegura un socialista con asiento en la dirección del Partido. También en esto Pablo Casado debería haber aprendido. Todavía está a tiempo.