Sánchez anuncia otro plan fantasma

El presidente del Gobierno decidió el pasado miércoles anunciar en el Congreso de los Diputados un plan de 11.000 millones de euros para empresas y autónomos. Sánchez debía dar cuenta de la evolución de la pandemia, después de 2 meses sin comparecer en pleno estado de alarma y con cerca de 100.000 muertos. No estaba dispuesto a hacer ninguna autocrítica ni sobre la evolución del Covid, ni sobre la vacunación, ni sobre la marcha de la economía. Como en otras ocasiones, escogió el autobombo y el triunfalismo y para desviar la atención se sacó de la manga un nuevo plan cuyo destino parece ser ayudar a los balances de las empresas. Eso fue todo. Nadie sabía nada, los supuestos beneficiarios no habían sido consultados y, por lo que se vio unas horas después, ni siquiera la vicepresidenta económica tenía datos que aportar sobre ese nuevo paquete de ayudas.

Calviño venía hablando en los últimos días de la petición que iba a hacer a la banca de poner en marcha quitas a los créditos ICO que habían solicitados pequeñas y medianas empresas y que, dada la situación de restricciones y vacunación lenta, se encuentran con dificultades para hacer frente a los pagos. Empresas y autónomos que o han tenido que cerrar sus negocios por falta de facturación o que sencillamente sobreviven. Se calcula que la intención de Economía es que las entidades financieras asuman en torno a los 5.500 millones de euros en quitas, a pesar de que estos créditos están avalados por el Estado. También se ha puesto encima de la mesa fórmulas novedosas como la participación pública en empresas con dificultades, pero solventes. Es decir, más endeudamiento a futuro. Nada de ayudas directas a fondo perdido como han hecho otros países y desde hace meses.

La “movilización” de esos 11.000 millones, si llega de alguna manera, no podrá ayudar a los cientos de miles de empresas y autónomos que ya no pueden endeudarse más, que están al límite y que antes de la pandemia eran viables, aunque ahora por la mala gestión del Gobierno y la obligación de cerrar sus negocios o sufrir restricciones imposibles se han convertido en inviables. Hay muy pocas esperanzas en que este anuncio se concrete realmente en ayudas o indemnizaciones para salvar el tejido productivo de sectores tan importantes para la economía y el empleo como la hostelería, el comercio o, en general, los servicios. El temor es que sea lo mismo que el plan de ayuda al turismo que se inventaron este pasado verano y que nunca llegó. El Gobierno sigue aferrándose a los ERTE y a los ICO, medidas que, lejos de ayudar, en estos momentos ahogan a las empresas con deudas y sin poder despedir para intentar salvar los muebles. Dice Calviño que en unas semanas sabremos algo más de este plan de 11.000 millones. Parece que no hay prisa. Veremos, pero dado el historial hay que temerse lo peor y miles de empresas y autónomos seguirán muriendo y el paro continuará aumentando.