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Las firmas comprometen, en lo legal y en lo emocional. Lo mismo da formalizar una hipoteca que jugar en un club deportivo federado. Se trata de responsabilidad, de respeto hacia el compañero y hacia uno mismo. La situación que está viviendo el CD Claret en su sección de baloncesto con el equipo de Liga EBA daña la imagen de la ciudad, del centro escolar, del patrocinador principal y, sobre todo, la de un grupo de jugadores que decidieron abandonar la dinámica del equipo.

Si los prófugos argumentan una supuesta desidia del cuerpo técnico para abandonar los entrenamientos, mal

Si los prófugos argumentan una supuesta desidia del cuerpo técnico para abandonar los entrenamientos, mal, porque en situaciones así un vestuario unido remonta adversidades; si es una medida de presión para que el club refuerce al equipo, peor, porque no está en las competencias de los deportistas semejantes decisiones, y si el problema está en que el equipo pierde siempre… en fin.

La mejor respuesta se la han dado los que quisieron quedarse que, incluso mermados por la covid-19, dignificaron este pasado sábado la camiseta que llevan con esfuerzo y actitud, que es lo único que debe exigírseles. ¿Y si los rebeldes quieren regresar al equipo? ¿Deberían readmitirles? Es sin duda una situación delicada.

Los clubes que se asoman a la élite deben asumir la necesidad de contar con una estructura lo más profesional posible

Es una pena, pero vuelve a repetirse lo ya vivido en la ciudad: un proyecto bonito que nace con pies de barro y que termina, en este caso, dañando la imagen del baloncesto. Los clubes que se asoman a la élite deben asumir la necesidad de contar con una estructura lo más profesional posible, con una gerencia que asuma competencias y responsabilidades y que genere recursos. No garantiza victorias, pero sí las facilita.