Rubén Arnanz – ¿Gastronomía en la educación pública?

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Haber correspondido responsablemente a una juventud de manera despierta e inquieta no era muy común dado que durante mi formación escolar nunca tuve grandes líderes o mentores. Bueno, ni grandes ni pequeños. No tuve ese tipo de fantasía real llamada maestría que provoca e incita que descubras poder avanzar en el camino de la felicidad.

Y para ello tuve que soñar cocinando mi realidad.

Desde luego que siempre estaré agradecido a cuantos me enseñaron, pero manteniendo que no es lo mismo ir a la escuela que crear escuela.

Quizás, podría ser derivado del problema de una educación algo caduca y estandarizada en la que existe demasiado desconcierto para un sistema concertado.

Desde hace tiempo que confío en la posibilidad de ampliar horizontes formativos de calidad, algo que manifiesto y promuevo continuamente desde hace años allá donde voy. Nada que ver con promulgar con la creación de una escuela o una academia para llegar a ser cocinero de profesión, que ya existen muchas, si no sembrar y cultivar un lazo de conciencia elemental para desarrollar nuestra cultura gastronómica tan necesaria para nuestro futuro.

Empecemos por unas horitas a la semana, desde muy niños y de manera lúdica en la enseñanza infantil. Logremos al menos prolongarla y ampliarla en la enseñanza primaria, siendo la mejor inversión de esa franja de horas que nunca saben con que rellenar. En la pública y en la privada. Empezando por conocer esos ingredientes que nos rodean y tanto desconocemos, hasta llegar a los hábitos, técnicas y costumbres culinarias de otras culturas y países conforme avance el calendario escolar.

Insisto, no con la misión de generar más profesionales de la cocina, si no partiendo de conocer nuestro medio, eliminando mitos y tabúes para poder cocinar libremente a través del conocimiento generado. Ese lujo de poder nutrirnos de recursos en casa para alimentarnos de una riqueza impagable que podamos trasmitir a futuras generaciones.

De esa manera, estoy convencido que los estudios de la OMS, los índices de obesidad, o el negocio de las necesidades innecesarias que ha creado la industria apenas tendrían relevancia.

Tenemos otra asignatura pendiente… ¿Por qué la Gastronomía no forma parte de la agenda cultural y del sistema educativo de quienes nos gobiernan?

Cocinemos. Todos.