El valle no se toca

La nueva ley de Memoria Histórica que ha presentado el Gobierno social-comunista de Pedro Sánchez y Pablo Iglesias habla de una reconversión del Valle de los Caídos en un cementerio civil, la expulsión de los benedictinos del Valle y de la más que probable destrucción de la mayor cruz del mundo: 150 metros de altura y 5 veces más grande que el Cristo de Corcovado en Río de Janeiro, algo que en Vox ya alertamos hace meses asegurando que ese era el objetivo final del Ejecutivo.

Y es que el impío socio del Ejecutivo, Podemos, presentó en 2018 una propuesta para demoler el símbolo más identificativo del Valle.

El proyecto presentado en su día en el Congreso junto con Izquierda Unida habla de la desacralización de este espacio monumental y el desmantelamiento o demolición de la Cruz, porque su objetivo es reabrir las heridas e imponer un pensamiento único y la persecución en definitiva de todo símbolo cristiano, objeto de la ira del príncipe de este mundo y en cuyos secuaces y esbirros parecen haberse convertido este Gobierno social-comunista y todos sus aliados.

Pero este Valle no se construyó como tumba faraónica para Franco ni lo levantaron ‘esclavos’ perdedores de la guerra. La izquierda revisionista ha creado una leyenda negra en torno a este monumento.

Basta con leer por encima el decreto de 23 de agosto de 1957, que constituía la Fundación de la Santa Cruz del Valle de los Caídos: en su párrafo primero, después de invocar el perdón evangélico, y los lustros de unidad y hermandad entre españoles, transcurridos desde el final de la guerra, dice claramente que “ha de ser el Monumento a todos los caídos, sobre cuyo sacrificio triunfen los brazos pacificadores de la Cruz”.

Esta es la realidad y no la campaña de difamación y pensamiento único que nos quieren imponer mediante un totalitarismo con la supresión de libertades individuales, empezando por las de expresión, imprenta, pensamiento y cátedra. Abriendo heridas, en vez de cerrarlas, de manera tan artificial como interesada y peligrosa.

La última encuesta del CIS a junio de 2020 habla de que España, en un 61% se considera católica practicante y no practicante, que viniendo del CIS estoy seguro cuánto menos estará manipulada, por lo que considero que será de un 70 % según los últimos datos conocidos.

Hemos llegado a esa degradación de la convivencia y nulo respeto a la verdad por la infame ley de memoria histórica aprobada por Zapatero y mantenida por la cobardía del PP. Abascal avisó hace un año que le cadáver de franco era la coartada para derrocar a Felipe VI.

Ahora el Frente Popular quiere derribar la Cruz y desacralizar el Valle no solo para ganar la guerra que provocaron y perdieron, sino para imponernos un nuevo régimen totalitario.

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(*) Diputado de Vox por Segovia.