Redondo y Carmona, seres de sombra y luz

Cada vez que algo me defrauda, recuerdo la sensación de ver comiendo asadurilla a la mujer pantera. Era junio del 79. El actual Parque de la Dehesa alojaba entonces la Feria de Segovia. Por la tarde había entrado en esa atracción de tráiler y serrín y a la mañana siguiente la vi sentada en un taburete de cantautor, acodada en una barra de zinc. Los zarpazos y cadenas se habían convertido en palabrotas y exigencias. Faltaba el medio cuerpo felino de felpa y la atmósfera selvática, pero le quedaba el apetito y los modales de pantera.

Redondo se plantó donde Évole para contar su relato pos Moncloa: “me fui yo, sigo en contacto sagrado con el Presidente y nada tuve que ver con los errores”. Ya no había despacho, ni teléfono rojo, ni ordenanzas con chorreras, pero mantenía el vocabulario y el flow de alguien poderoso. En lugar de reconocer que él solo ayudó en el “cómo llegar” y que el destino lo pusieron los políticos, aceptar que un asesor no es un autor sino un intérprete que traduce ideas en frases; en vez de asumir que la confianza es un material frágil, que son discretos copilotos que sugieren dependiendo del ánimo del que conduce y de las urnas y las encuestas. En lugar de saber parar al personaje y enseñar la persona, siguió sacando fichas de ajedrez, anglicismos huecos y secretos de poliespán, como un tahúr al que se le caen las cartas de las mangas.

Los gurús, como la mujer pantera, no existen. El poder en la sombra se seca con el sol. Como cuando se apagaba la música en OKI Disco, y al encender las luces aparecían las manchas de sudor, el rímel corrido y los desconchones. Siempre es menos cínico reconocer las limitaciones, para que no parezca lo que decía Maquiavelo: “no digo nunca lo que creo, ni creo nunca lo que digo. Y si se me escapa alguna verdad la escondo entre mentiras”. Lo fraudulento siempre acaba defraudando. No hay tantos ingenuos tanto tiempo.

Una pena que alguien inteligente e influyente, el objeto de deseo de todo el poder no político, boicotee en televisión a su cliente y a su oficio. Muchos militantes de los que se reunirán en el Congreso de Valencia se preguntaran si es compatible limpiar la inmigración en Badalona, justificar los viajes de Monago, estar encantado con los socios de investidura y defender una agenda progresista. Hay que ser un músico muy hábil para tocar partituras tan distintas. Y flexible hasta la contractura moral. Parecía una buena oportunidad para seguir en la sombra, pero parece que uno no puede autoasesorarse, como un cirujano no puede operarse. Conocer a quien se admira no siempre decepciona. Tampoco es seguro que estar callado y parecer tonto sea mejor que hablar y confirmarlo. Lo que es seguro es que a Sánchez no se le manipula. De eso estoy seguro.

Respecto a Carmona. Tan espiritual e intenso, tan socialdemocracia total, tan de esa izquierda que gusta a la derecha, tan infrautilizado…que ha decidido pasar de los focos a las sombras para convertirse definidamente en un “ser de luz”. De luz eléctrica. En lugar de reconocer ser un cable para dar un calambrazo al Gobierno a cambio de una jubilación tranquila, cuenta que le han fichado para reconstruir las relaciones con el Ejecutivo. Pues nada. También pueden llamar a Paco Arévalo para recomponer su relación con Podemos.

Luces y sombras. La soberbia con poder, da miedo. Sin él, da pena. Y decepciona a los que creemos en el compromiso de la militancia y en los valores de lo público. In my opinion.