“Recuerdos” ayer; hoy “souvenires”

El tema va hoy de turismo. Pero es que, si nos referimos a turistas, me parece que va a ser imposible que alguien nos diga “quién” fue el primer turista; y entendámonos, turista cono tal señor al que gusta viajar para conocer países y lugares, porque no es turista el que por obligación tiene que emprender viajes, como tampoco lo fueron aquellos aventureros y conquistadores de siglos pasados que dieron la vuelta al mundo o llegaron a tierras desconocidas.

Cuando se habla de turistas se suele señalar con frecuencia a los ingleses como pioneros, pero repito que, del primero, y de su nacionalidad, es imposible que nadie dé razón, y es que, realmente, cada nación, o incluso cada pueblo pueden tener un primer turista, sin que se pueda justificar si Fulano o Mengano fue el primero del lugar que “rompió” la marcha.

Hay que recordar, en este momento, que en nuestras primeras salidas como “turistas de verdad” del pueblo, de la ciudad o del país, siempre nuestros familiares y amigos nos pedían que les trajésemos algún “recuerdo” del lugar o lugares visitados, petición que ya hoy está prácticamente olvidada porque se han incrementado mucho los turistas y todos, creo que, sin excepción, vuelven a casa “con algo” que nos sirva o valga a familiares y amigos como justificación de que hemos “estado allí”.

En aquellos primeros tiempos se viajaba con una pesada maleta en la mano, hasta que se inventó una carretilla con dos ruedas y asa en la que se colocaba la maleta para arrastrarla con más comodidad. Y al fin aparecieron las maletas con ruedas y tirador incorporados, que se extendieron con rapidez por todos los países.

Era muy socorrido en aquellos principios de los viajes de turismo traer como recuerdo cucharillas de plata, alpaca o cualquier otro metal. Había muchos coleccionistas de estos objetos, junto a los que se podían traer también sobres transparentes con sellos de Correos, de los que asimismo hubo muchos y grandes coleccionistas ; monedas en curso y antiguas (recuerdo de momento a los numismáticos locales Glenn Murray, Juan Francisco Sáez y Javier García), sin que faltaran, claro está, figurillas, banderines, llaveros, y, en ocasiones, pequeños colgantes de oro para collares o pulseras (hoy “se lleva” menos el oro por su alto precio o por miedo a ser víctimas de “un tirón” por parte de los que se dedican a darnos este tipo de disgustos). Tampoco faltaban las postales y tiras de ellas con paisajes de los respectivos lugares, porque las cámaras fotográficas no estaban al alcance de todos, y los “móviles” aún no se habían inventado.

Bien; pues de los “recuerdos” pasamos a los “souvenires”, (ahora como tales conocidos) presentes ya en todo el mundo, localizados en las tiendas dedicadas a su venta, especialmente de cara al visitante, al turista, y cada día con mayor número y variedad de objetos, destacando las muy diversas piezas que recuerdan concretamente (con nombres del sitio) el lugar que hemos visitado: adhesivos, “rasca espaldas”, botijos, cestería, sombreros, huchas, azulejos con frases populares, esculturas (reproducciones y originales), camisetas, abanicos, bufandas, gorras y muchísimos otros objetos imposibles de citar todos aquí por su cantidad y variedad.

Dependiendo del lugar visitado, también existían objetos de adorno personal con reproducciones generalmente de monumentos, y a nuestro regreso preguntábamos en tiendas de nuestra ciudad por algo parecido, pero aún nadie se había decidido a ejecutar tales piezas. Cuando, de repente, de la noche a la mañana, aparecen en los escaparates de “souvenires”, en joyerías y platerías, muy variados adornos personales con, especialmente, reproducciones de nuestro famoso Acueducto: pulseras, pendientes, sortijas, colgantes, medallones, gemelos…

En estas tiendas hay tal cantidad de ofertas, que es casi imposible pasar ante ellas sin hacer alguna compra. Estos “souvenires” de ahora son los que en un principio llamábamos “recuerdos”.

El creciente número de estos establecimientos abiertos en nuestra ciudad y provincia, han inducido a sus propietarios a reagruparse en una asociación que va también a terminar en la FES. Importante decisión, a la que se irán incorporando los que aún no estén en la lista primera, porque eso de que “la unión hace la fuerza” es cierto, y la defensa de una profesión como mejor se consigue es “arrejuntándose” el mayor número posible para hacer frente común a dificultades o necesidades, incluyendo, claro está, la fuerza que puede tenerse en el momento de pedir ayudas o soluciones a los poderes públicos que tengan posibilidad (y buena intención) de echar una mano.