Recuerda, Sánchez, Francia, Italia, Grecia…

Cuando oyes las reacciones de Carmen Calvo o de José Luis Ábalos ante lo que ha ocurrido en Madrid te viene a la memoria aquello de que los dioses, cuando quieren perder a los hombres, primero los ciegan. ‘Madrileñizar’ la derrota del PSOE el pasado día 4 es un tremendo error en el que, por supuesto, ni el ministro de Fomento ni la vicepresidenta caen, aunque se vean forzados a decirnos -siempre ocurre en ciertos ámbitos: la realidad se nos pretende disfrazar_otra cosa.

El PSOE, el partido más histórico de España, con ciento cuarenta y dos años a sus espaldas, es una formación necesaria aquí y ahora, pero cuyos homólogos prácticamente desaparecieron en países tan de nuestro entorno como Francia, Italia o Grecia, y siempre fue por culpa de errores propios más que de aciertos ajenos. No quiero pormenorizar, pero error es tratar de hacer creer, para que nadie lo crea, que solamente José Manuel Franco y Ángel Gabilondo son los culpables del desastre en las urnas madrileñas. O error serio es tratar de evitar el decir, cuando todos lo susurran, que una desastrosa campaña en la que se involucró de manera innecesaria al mismísimo presidente del Gobierno, con asesoramiento funesto procedente del gran gurú, tuvo mucho que ver con el desastre.

Porque en el PSOE se han perdido, por mucho que Pedro Sánchez presuma de lo contrario, reflejos, ideas y, sobre todo, esa básica honestidad política que era la marca de Pablo Iglesias (Posse, naturalmente) y que se ha ido diluyendo en los cuarenta años transcurridos desde aquella victoria electoral de 1982 que dio paso a Felipe González. Hoy, ni González ni ninguno de los veteranos está, y lo dicen aunque solo con medias palabras, en absoluto de acuerdo con la deriva de Sánchez y, sobre todo, en lo referente a sus alianzas para mantenerse en La Moncloa.

Tiene el presidente del Gobierno y secretario general del partido socialista varias oportunidades de enderezar el rumbo, entiendo: lo primero, diciendo y diciéndose la verdad. Hay que admitir que se ha perdido frescura, transparencia, y hay menos autocrítica que nunca, lo que ya es decir. Pretender que un millón y medio largo de personas que votaron a la ‘pepera’ Díaz Ayuso son unos fascistas sin remedio, amantes más de la cerveza y de los berberechos que de una recta gobernación de su país es un burdo dislate. Seguir pensando que ‘ellos’ solos tienen la razón, y no alguna parte de sus críticos, a los que por supuesto hay que condenar a la caverna, conduce directamente a la irrelevancia. Lo mismo que expulsar al disidente, por muchos excesos que el disidente haya cometido, por ejemplo apoyando a la candidatura rival; ¿de verdad es necesario a estas alturas cortar cabezas históricas?.

La ‘cumbre’ socialista de octubre, en la práctica un auténtico congreso, debería ser la de la refundación. Nuevas caras, más abiertas al trato con la ciudadanía. Y el resto de la Legislatura, que quién sabe cuánto durará, habría de ser una mano tendida a la transversalidad, a todos. Aferrarse a un exclusivo acuerdo de coalición con Unidas Podemos, que ya nada tiene que ver con sus pretensiones fundacionales y necesita más que nadie una mano de chapa y pintura, llevará al PSOE a la escollera: hoy, la formación morada, liberada del tapón de Pablo Iglesias (Turrión, naturalmente), tendrá que decidir si se quiere parecer más a Yolanda Díaz, en segura alianza con Errejón, o a Ione Belarra, en inevitable alianza con Irene Montero. Y me parece que el PSOE tiene la oportunidad de permanecer ajeno a lo que bien podría ser una batalla interna que confío en que produzca una formación de izquierda más realista y simpática que la que encabezó el futuro guionista de series televisivas antimonárquicas Pablo Iglesias.

Salir de los resultados de Madrid diciendo (con la boca muy pequeña) que sí, que quizá se haya hecho algo mal, pero que no se piensa variar el rumbo ni repensar la legislatura, mientras se abre el boquete de la organización en Andalucía, como ha hecho Pedro Sánchez, puede conducir al PSOE, a no muy largo plazo, por los mismos caminos del PSF, del PSI o del Pasok, entre otros. El, y los palmeros que le rodean, verán lo que hacen, pero la Historia está para que no se repitan las equivocaciones ni los malos pasos.