Radioterapia en Segovia ya

De una u otra manera, el cáncer forma parte de nuestra biografía más íntima. Casi todas las familias saben lo que es vivir de cerca este amargo trago en la vida de sus seres más queridos, todo ello además con el sufrimiento y los riesgos añadidos que suponen los viajes y traslados interminables a Valladolid para recibir tratamiento en el caso de los pacientes de radioterapia. Por eso, el grito de ¡Radioterapia en Segovia ya! se ha convertido en un amplio consenso social, gracias sobre todo al trabajo incansable tanto de personas como de entidades que han dedicado mucho esfuerzo y mucho cariño a esta tarea.

Cuando el PP comprometió la unidad de radioterapia, lo hizo para el Hospital General de Segovia. En ese momento yo tenía apenas 26 años, cumpliré 40 en unos pocos meses. La mayoría de los segovianos y segovianas de mi generación hemos crecido a la sombra de las promesas incumplidas de la Junta de Castilla y León para con nuestra provincia. La incredulidad me viene no tanto por ser o no de Podemos sino, sencillamente, por ser de Segovia. Porque si algo hemos aprendido la gente de mi generación es que la Junta, al menos en Segovia, ni paga sus deudas ni cumple su palabra. Esta vez deseo con todas mis fuerzas que nos demuestre lo contrario.

La administración puede ser una maquinaria lenta y burocrática o un tren de alta velocidad, solo depende de la voluntad política que haya detrás. En plena pandemia, la Junta de Castilla y León desvió de forma exprés 7,27 millones a una televisión privada porque era “esencial”. El coste total de la unidad de radioterapia sería de 4. Por eso creemos que el dilema que plantea el PP entre disponer de radioterapia en el Hospital de la Misericordia en un plazo de dos años o tardar siete hasta que se construya la “nueva infraestructura sanitaria” es falso, y obedece más a un capricho ideológico del PP por desviar recursos públicos al Grupo Recoletas que de una necesidad administrativa real. Sobre todo cuando han pasado por alto la opción más lógica, la de alojar el búnker de radioterapia en el complejo actual del Hospital General, que además de rápida y eficiente es la que mejor garantiza la atención de los pacientes con sus especialistas y en su hospital de referencia. La colaboración público-privada es una solución para algunos problemas, pero en este caso creo que tiene que ser la última opción.

Por ello solo pedimos a la Consejería de Sanidad que inicie ya un estudio de espacios y un procedimiento de urgencia para licitar los diferentes contratos e inversiones que hagan falta para disponer del búnker y del acelerador lineal en el 2022, un procedimiento similar al que han utilizado para la ampliación modular del hospital en tres meses. Si quieren, pueden, y lo saben: la situación de la sanidad pública en nuestra provincia y de los pacientes de radioterapia lo merece. Somos conscientes de que nuestro hospital cuenta con un espacio limitado, pero también sabemos que tras su estudio se pudo disponer de una ubicación en el área de docencia para la nueva resonancia magnética. Por eso nos cuesta creer que en una superficie útil de 47.000 m2 no se encuentren entre 470 y 600 m2 para la instalación del búnker hasta que la nueva “infraestructura sanitaria” sea una realidad. Un periodo que será suficiente para amortizar la inversión, vista la inconsistencia de los compromisos regionales.

La pandemia ha demostrado que en los peores momentos la sanidad privada se pone de perfil y que, ante la incertidumbre, solo nuestra sanidad pública y sus profesionales nos han cuidado y protegido. Ahora nos toca convertir los aplausos en inversiones. Por eso necesitamos que los recursos públicos se destinen a que nuestro Hospital General disponga en el 2022 de un búnker y del equipo necesario para que los segovianos reciban la radioterapia que necesitan en Segovia.

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(*) Concejal de Podemos en Segovia.