¿Qué será, será?

Al PP le pilló por sorpresa que Santiago Abascal se ofreciera a conformar un gobierno de coalición a las primeras de cambio. No es habitual que un partido que no ha ganado las elecciones hable de sillones cuando todavía los votos están calientes. Y menos Vox, hasta ahora reticente porque su estrategia han sido los lemas, las alharacas nacionales, las soluciones sencillas a problemas complejos. Vox lo ha basado todo en el carisma del líder y en una imagen de marca con gran penetración en determinados segmentos electorales. En estas elecciones se ha demostrado. Mandaron a Segovia a una cunera y desplazaron a Pablo Aragoneses González-Herrero al cuarto lugar de la lista. Inmediatamente dimitió. No porque se viera trasladado sino porque no concebía el desembarco de un candidato desde Valladolid. Su abuelo, el sabio segoviano Manuel González-Herrero —del que se cumple el aniversario del fallecimiento cuando escribo estas líneas—, se hubiera revuelto en la tumba. Aun así la candidata será procuradora.

Los populares creían que Vox aplazaría hasta las próximas elecciones generales su solicitud de entrar a gestionar gobiernos. Por la proyección política que tiene la política nacional. En una comunidad autónoma o en un ayuntamiento buena parte de la labor es pura gestión, y eso mola menos. La realidad les ha azotado de golpe.

Pero la realidad es la que es. Decía Hegel que todo lo real es por su propia naturaleza racional. Por lo tanto es inútil oponerse a su lógica. Si se atiende a los últimos resultados electorales provinciales se concluye que en la práctica totalidad de los grandes ayuntamientos de Segovia la suma PP-Vox supera el 50%. Solo en Cuéllar se resiste la cifra. En esta localidad, el PSOE incluso mejora los números de las pasadas elecciones. Lo que compensa los de El Espinar, en donde la procuradora y ex alcaldesa, Alicia Palomo, ve no solo cómo el PP se convierte en la primera fuerza sino cómo sus apoyos caen un 3% con respecto a la anterior convocatoria. Por no hablar de Ayllón.

Vox ha exhibido músculo en estos comicios. ¿Cómo se puede ocultar esta realidad?

Vox ha exhibido músculo en estos comicios. ¿Cómo se puede ocultar esta realidad? Resulta paradójico que personas que son y presumen de ser demócratas quieran obviar al 17% de la sociedad castellanoleonesa. Entre otras razones, además de las demoscópicas, porque Vox acata la Constitución española, cosa que no muchos de quienes hoy conforman el arco parlamentario y se avienen a pactos con el PSOE hacían o siguen haciendo. Ello no significa que sus propuestas rocen en ocasiones lo grotesco y bordeen la lógica política. Mal se entiende que se reciba en loor de multitudes al sátrapa Orban que al poco exhibe su amistad con Putin. O que el candidato a vicepresidente, Juan García-Gallardo, hable de que las prioridades en Castilla y León son la derogación del decreto de memoria histórica y el que incide en la violencia de género —se olvidó de la petición de echar a todos los MENAS de la Comunidad— cuando dependen ambas cuestiones de una normativa general estatal.

No debería el PP temer la negociación con Vox. Cuando lo hizo en Andalucía, al final la cuestión se quedó en meras declaraciones programáticas. No es lo mismo pisar moqueta y asumir responsabilidades de gobierno que hacer proclamas montando a caballo en las dehesas castellanas. Y en caso de que sus propuestas devengan inasumibles, serán ellos los responsables de las consecuencias. La mejor estrategia de un partido grande ante los apéndices que surgen a su vera es invitarles a formar coalición: le corta las alas. Le ha pasado a la relación PSOE-Podemos y le ocurrió al Partido Conservador inglés con los Liberales de Nick Clegg. A la contra, el adversario con quien compartes cama termina por comerte terreno continuamente. Francia es un ejemplo.

El PP tiene un problema con Vox. Y se llama Europa

El PP tiene un problema con Vox. Y se llama Europa. El Partido Popular Europeo es muy reticente con los pactos con quienes ellos consideran ultraderecha. Los alemanes, particularmente, son muy estrictos. La experiencia nacional les avala. Aunque dentro de esta formación han existido bandazos. Como sucedió con el Partido Popular austriaco (ÖVP), que tras pactar con los extremistas viró y lo hizo con Los Verdes. Algo atípico. Como lo es que en un gobierno europeo, como el español, un ministro se califique públicamente comunista. Cada país tiene una realidad sociológica determinada y la democracia española es lo suficientemente fuerte para soportar determinados riesgos.

Tiene el PP en este caso un problema con Europa y además una prevención interna. Dentro de un año y tres meses llegan las elecciones locales. Vox hoy día no posee estructura municipal alguna. Le será más fácil conformarla desde el poder que desde la oposición. Puede ser que a esto se deba la urgencia de Abascal la noche electoral por tocar poder.

¿Qué será, será? Se abren las apuestas. Me arriesgo y especulo porque en estos momentos —y esto sí es información— los populares andan desnortados. Habrá negociaciones y habrá acuerdo. La duda estriba en su alcance. Será Mañueco quien soporte el empellón inicial. Él ha sido quien abrió la Caja de Pandora. ¿Qué otra alternativa tiene el PP a nivel nacional una vez desaparecido Ciudadanos? ¿Esperar en la oposición hasta que surja un partido de centro con el que pactar? ¿Aspirar a la mayoría absoluta o a gobiernos con débil apoyo parlamentario? Y, por supuesto, aunque no creo que haga falta insistir, todo lo dicho con anterioridad no es la expresión de un deseo, sino la prospección analítica de una realidad social. Acercándome con tiento a lo porvenir.