“Por una Iglesia sinodal: comunión, participación y misión” (I)

Recibí como un regalo de cumpleaños del Papa Francisco el Discurso que, el 18 de septiembre, fecha de mi nacimiento, pronunció como obispo de Roma a sus diocesanos para animales a participar activamente en el PROCESO SINODAL, en su fase diocesana, que comienza este fin de semana en Roma y continuará en todas las Diócesis del mundo de la Iglesia Católica a partir del fin de semana próximo. Durante varias semanas compartiré el regalo con todos los lectores, complementado con las reflexiones sobre el mismo que hace, al hilo de ese discurso, Pedro Jaramillo Rivas, Licenciado en Sagrada Escritura y Doctor en Teología Bíblica, quien además de la enseñanza académica, ha intentado siempre poner la Palabra de Dios al alcance de los más sencillos. Sacerdote diocesano comprometido desde hace varios años como misionero en uno de los barrios más periféricos de Guatemala. Entrecomillo las palabras del Papa, antecedidas o comentadas por las de Pedro Jaramillo. Ojalá les anime a participar activamente en este proceso sinodal, del que estoy hablando.

“Sínodo”. “Es un concepto fácil de expresar con palabras, pero no es tan fácil ponerlo en práctica”. “Por una Iglesia sinodal: comunión, participación y misión”, no como una definición estática; el tema es profundamente “dinámico”: no se trata de definir, sino de llegar a una meta: el “per” italiano que antecede a “Iglesia sinodal” tiene su mejor traducción en nuestra preposición española “hacia”, que indica camino para lograr algo todavía no alcanzado. Incluye, por tanto, lo que el Papa dice a continuación: un “itinerario”. Caminar juntos laicos, pastores, obispo de Roma.

Escuchar-nos y escuchar la brisa de Dios. En ese sentido “dinámico”, la primera actitud que le surge espontánea es LA ESCUCHA. Él habla y subraya, de “un dinamismo de escucha a todos los niveles de la Iglesia, abarcando a todo el pueblo de Dios”. Escuchar que se convierte en ESCUCHARSE unos a otros. “No se trata de una recogida de opiniones” (e insiste el Papa con un seco “no’’), como tampoco se trata de una encuesta”. “Se trata de escuchar al Espíritu Santo” y de “escuchar la voz de Dios, en la suave brisa, de acoger su presencia, captar su mensaje y su soplo de vida”. De ahí deriva un primer compromiso: “tener oídos, escuchar”.

Los Hechos de los Apóstoles, considerados como “el mejor manual de eclesiología”, le sirven al Papa de guía para recuperar la sinodalidad perdida. Comienza, por eso, diciendo que “la palabra ‘sínodo’ contiene todo lo que nos sirve para comprender el “caminar juntos”. “Es la historia de un camino”, que hacen juntos “la Palabra de Dios y las personas que prestan atención y fe a esa Palabra”. Para afirmar con aplomo: “la Palabra de Dios camina con nosotros”. Y de ahí sacar una conclusión importante para el camino sinodal: “todos somos protagonistas y ninguno puede ser considerado como simple comparsa”.

En aquella Iglesia primitiva “los ministerios eran entendidos como verdaderos servicios”. ¿Y la autoridad? “la autoridad – responde el Papa- nacía de la escucha de la voz de Dios y de la voz de la gente” y añade que estas dos voces no pueden separarse. Para concluir que la autoridad “mantenía en “la base” a quienes la recibían”. Es decir, no los subía de grado, ni de nivel, ni de categoría, no los aislaba en una burbuja… “Los dejaba en “la base” de la vida, a la que era preciso dar el servicio de la caridad y de la fe”.

Movimiento de inquietud interior. No al inmovilismo. Dice el Papa que a un cristiano le falta algo “si no siente o no vive la inquietud interior”. No confundirla con nerviosismo o con esnobismo. Cae del lado del don de sabiduría: “Esta inquietud interior nace de la propia fe que nos invita a valorar qué es lo mejor para hacer, qué se debe mantener y qué se debe cambiar”. En esta historia, de la que el Espíritu Santo es el director, “hay muchos protagonistas inquietos, pero que no se mueven”. La consecuencia no puede ser más clara ni más directa, a) en negativo, “el inmovilismo no puede ser una buena opción para la Iglesia (EG, 23)”; b), en positivo: “el movimiento es consecuencia de la docilidad al Espíritu Santo, que es el director de esta historia”.

Seguiremos sobre este tema. Entramos en un camino apasionante.