“Por una iglesia sinodal: comunicación, participación y misión” (y II)

A lo largo de los últimos 50 años el Sínodo de los Obispos ha celebrado 15 asambleas ordinarias y otras muchas extraordinarias. Lo que tiene de especial esta convocatoria es que, en vez de celebrarla en octubre de este año, cuando correspondía, el Papa ha propuesto convertirla en un proceso sinodal que implique a toda la Iglesia, no solo a los Obispos. El Sínodo que se inicia ahora en octubre, tendrá su sesión definitiva en octubre de 2023. “El camino de la sinodalidad, dice el Papa, es el camino que Dios espera de la Iglesia del tercer milenio. Lo que el Señor nos pide, en cierto sentido, ya está contenido en la palabra `Sínodo´. Caminar juntos –laicos, pastores, obispo de Roma- es un proceso fácil de expresar con palabras, pero que no es tan fácil ponerlo en práctica”.

Igual que a andar se aprende andando, a caminar en el proceso sinodal, se aprende integrándose en él. Lo digo para animar a tantos cristianos de nuestra diócesis que tienen dudas a la hora de participar. Hay un equipo diocesano, presidido por el Vicario General, que está disponible para ayudarnos en el modo de hacerlo.

Necesitamos dos cosas: 1. Tomar en serio este proceso sinodal y 2. Ser conscientes de que el Espíritu Santo nos necesita. El Papa nos pide que lo escuchemos, escuchándonos. “No dejéis fuera o atrás a nadie”. “La libertad del Espíritu Santo no conoce fronteras ni tampoco se deja limitar por las pertenencias”. Y sus consejos van en esa línea de apertura; es verdaderamente consciente que “el Señor nos ha puesto en un camino ancho” y quiere que lo caminemos con esas anchuras: “Dejad abiertas puertas y ventanas, no os limitéis a considerar solo a quien llega o a quien piensa como vosotros”. La invitación no puede ser más clara y explícita, contra la tentación del juntos, sí, pero en un “caminito” ya muy conocido y rutinariamente recorrido. La excusa siempre podría ser: – “pero, si no vienen más, llamamos y nadie nos hace caso”. Y ahí viene la originalidad de este camino sinodal. La invitación, casi diría el mandato, del Papa, no admite dudas: “Permitíos a vosotros mismos salir al encuentro y dejaros cuestionar, que sus preguntas sean las vuestras, permitid caminar juntos: el Espíritu os conducirá, confiad en el Espíritu. No tengáis miedo a dialogar y dejaos desubicar por el diálogo: es el diálogo de la salvación”: “Te doy gracias, Señor, porque has puesto mis pies en un camino ancho”.

Caminar así es seguir el camino “que comenzó con los primeros Apóstoles y que aún continúa”. “Cuando la Iglesia se inmoviliza, ya no es Iglesia, sino una bella asociación piadosa, porque enjaula al Espíritu Santo”. Al Papa le gusta recordar una afirmación de Gustav Mahler, respecto a la fidelidad a la tradición: “La tradición no consiste en adorar las cenizas, sino en custodiar el fuego”.

Desde la imagen impactante de Mahler, el Papa pregunta con sencillez, pero con una hondura realista, pensando en las actitudes que podemos tener a la hora de participar o no hacerlo en este camino sinodal: “¿A qué os sentís inclinados?: ¿a custodiar las cenizas de la Iglesia, es decir, de vuestra asociación, vuestro grupo…, o a custodiar el fuego?”. El camino sinodal supone una sincera apertura; y debería convertirse en antídoto de toda posible cerrazón. Sin liberarnos de ataduras, también institucionales, porque nos parezca que lo nuestro es solo lo que vale, no “entraremos” en el camino sinodal, pasaremos de largo. “¿Estáis más inclinados a adorar vuestras cosas, esas que os cierran – yo soy de Pedro; yo, de Pablo; yo soy de esta asociación, vosotros de aquella otra, yo soy sacerdote, yo soy Obispo – o, más bien, os sentís llamados a custodiar el fuego del Espíritu?”.

En ese camino ancho, nos entra también este duro tiempo de pandemia. La Iglesia, no puede ser indiferente al grito que el mundo ha lanzado desde su vulnerabilidad. Somos también voz de ese grito, pero siempre, y de modo especial en el camino sinodal, queremos ser también “sacramento del cuidado”. El horizonte ha quedado abierto, ahora nos toca a nosotros no hacer callar al Espíritu.