¿Pongo las dos x o no?

Esta podrá ser la pregunta que nos hagamos cada uno de nosotros en los días siguientes. Me refiero a la Declaración de la Renta, que acaba de comenzar y nos ofrece la posibilidad de poner una X en cada una de las dos casillas en que se nos pregunta si queremos que el 0,7% de nuestros impuestos se destine a la Iglesia Católica y a Otros Fines Sociales. Hago hincapié en el “y” porque no son excluyentes.

¿Pongo las dos X o no? Usted verá. El sistema de asignación tributaria, que cumple trece años, es un sistema respetuoso con la libertad de las personas a la hora de destinar un porcentaje de nuestros impuestos a un fin concreto. Si ponemos la X en las dos casillas no vamos a pagar más, ni nos van a devolver menos.

Hacemos un auténtico ejercicio democrático diciendo donde queremos que vaya parte de nuestros impuestos. La asignación tributaria es una decisión libre desde la que los ciudadanos apuestan por la persona y su dignidad. Además, es un signo de que toda la sociedad camina unida en el bien común.

Esta situación de pandemia está afectando al desenvolvimiento normal de la vida social en todos los ámbitos. Son momentos para lanzar un mensaje de unidad y de colaboración común. Poner las dos X es un gesto de ayuda y apoyo al otro, que contribuye a potenciar la esperanza, la fraternidad, la generosidad y la concordia, en un clima urgente de cubrir las necesidades más básicas de tantísimas personas.

Hay grupos de ciudadanos que no están de acuerdo con que podamos ejercer este gesto de libertad, sobre todo en la X referida a la Iglesia Católica. Solo recordar que, en el ejercicio anterior, la cifra de declaraciones que marcaron la X a favor de la Iglesia fue de 7.297.646, que asciende a 8,5 millones teniendo en cuenta las declaraciones conjuntas. 106.000 más que el año anterior. Una muestra del respaldo de la sociedad a la labor que la Iglesia desarrolla.

Los que no creen en Dios o están alejados de ella, porque reconocen que la Iglesia realiza una muy buena labor de humanización, de esperanza, de solidaridad, de integración, de ayuda, de consuelo, etc. Los que creemos en Dios y participamos activamente en la Iglesia, porque toda la labor caritativa y social está sostenida en el mensaje del Evangelio. En ambos casos estamos llamados a marcar la casilla de la Iglesia de una manera consciente para seguir construyendo un mundo mejor.

La Iglesia, a través de sus diferentes realidades, lleva a cabo su misión de difundir la palabra de Dios y promover la dignidad del ser humano, muy especialmente durante estos duros meses de pandemia, en la que las personas que la conforman se han volcado con todo lo que tiene y con todo lo que es, poniendo todos sus recursos al servicio de la sociedad, del bien común. En lo material, en lo espiritual y en lo humano.

El total de asignación en la casilla de la Iglesia por parte de los contribuyentes en el ejercicio anterior, ha sido de 301,07 millones de euros. Un 5,85% más. A pesar de la pandemia o quizá debido a ella, la recaudación ha sido la cifra más alta desde el comienzo del actual sistema de asignación tributaria. La solidaridad ampliada en tiempo de dificultad. No tengo los datos a mano, pero seguro que ha sucedido algo parecido con los grupos a que se refiere el apartado de Otros Fines Sociales.

Vivimos tiempos muy difíciles y aún queda mucho por afrontar, tiempos en los que la Iglesia, y tantas otras organizaciones solidarias, no lo duden, ayudarán con todos sus medios espirituales, humanos y sociales a salir adelante a millones de personas. Por eso me atrevo a pedirles, ya que se nos ofrece esta posibilidad, que pongan la X en su Declaración de la Renta en las dos casillas: la de la Iglesia Católica y la de Otros Fines Sociales.

Una manera de “ser humano”, quizá la más importante, es caminar por la vida con los ojos y el corazón abiertos para detenerse ante quien pueda necesitar ayuda.