Poco que celebrar

Escuchar al Presidente del Gobierno ensalzar desde la tribuna del Congreso la memoria de la proclamación hace noventa años de la Segunda República, invita a reflexionar acerca del limitado conocimiento de Pedro Sánchez sobre aquella experiencia política que acabó en tragedia.

Cuenta Josep Pla (“El advenimiento de la República”) que en paralelo con el anuncio del cambio de Régimen que tuvo lugar en la Puerta del Sol de Madrid el 14 de abril de 1931 se inició en la capital la quema de conventos. No fue un buen principio.

Después vino lo que sabe todo aquél que ha leído un poco: la constante tensión política trabada en las desigualdades sociales y en la lucha de clases abanderada por los partidos y los sindicatos. Y una estrategia de la izquierda mayoritaria representada por el PSOE para dejar atrás la República “burguesa” y dar el salto a una República de “soviets” similar a la que pocos años antes, en Rusia, tras una guerra civil sangrienta y la caída de la Monarquía zarista, había dado pie a la Unión Soviética.

El político que con mayor empeño impulsó dicha causa fue Francisco Largo Caballero, líder del PSOE, partido que en 1934 tuvo un papel destacado en la ‘revolución’ de Asturias, un levantamiento armado contra la República. Con víctimas de derechas y de izquierdas, se multiplicaron los crímenes de naturaleza política y la polarización de la sociedad española en dos bandos irreconciliables arruinó toda expectativa de convivencia. El corolario fue la sublevación de un parte del Ejército que culminó en un golpe de Estado que con el general Franco a la cabeza abrió las puertas de una Guerra Civil que duró tres años y partió al país en canal. En las retaguardias de ambos bandos se cometieron crímenes atroces. Los sublevados contra la República triunfaron.

“En 1978 aprobamos una Constitución que selló la reconciliación entre los españoles. Esta fecha sí que merece recuerdo y encomio”

Después se sucedieron años de represión y dictadura. El Régimen franquista acabó a la muerte del dictador en 1975. En 1978 aprobamos una Constitución que selló la reconciliación entre los españoles. Esta fecha sí que merece recuerdo y encomio. Proclamar como ha hecho Sánchez que existe un “vinculo luminoso” entre 1978, el año de la Constitución, y 1931, el de la proclamación de una II República, idealizada hasta ser descrita como “el mejor pasado de España”, delata cierta ignorancia. Hay fechas sobre las que es poco lo que hay que celebrar.