“Pócima de la felicidad”

En”La última” página de este Diario, de fecha 17 de noviembre, mes lindero con la entrañable y familiar Navidad, leo emocionado, la didáctica actividad que días pasados llevó a cabo Cáritas Diocesana con niños y niñas de varias parroquias segovianas, entre ellas la mía, San Millán; la denominaron “Pócima de la felicidad”; es un tipo de herramienta grupal para que cada asistente manifieste sus ideas, diversas y espontaneas, lo que en psicología se dice “brainstorming”, lluvia o tormenta de ideas.

Se trataba de que los peques manifestasen con palabras o dibujos lo que les ha producido mayor felicidad, y, curiosamente, la mayoría no ha dicho que tener objetos, poseer juguetes o cosas materiales, sino disfrutar con estados anímicos, situaciones con alguien o algo querido: familia, amigos, mascotas, colegio, buenas notas…

Me he emocionado al leer que como uno de los componentes de esa pócima de la felicidad algunos han puesto “mis abuelos”. Y es que es intensa la interrelación, vivencias, sentimientos recíprocos de cariño y momentos de felicidad que se dan en los hogares hoy con abuelos que, aunque mayores, bien conservados, participan, promueven o facilitan mucha parte del día a día de los nietos, vivencias que van quedando grabadas, impactos en el carácter de los pequeños, y que en muchos momentos afloran de mayores, no siendo infrecuentes los casos en que estudiantes, deportistas o triunfadores en cualquier faceta de la vida, muchos en los diversos concursos de la tele, dedican sus triunfos a los abuelos, a los que ya no están y tal vez no tuvieron tiempo de decirles “te quiero”, o a los que a su modo siguen participando gozando con sus éxitos, o sufriendo e intentando paliar sus problemas, pero siempre pensando y dándose a ellos.

Es cierto que al irse haciendo mayores, a veces por inercia social van evitando muestras de cariño, tiempo y distancia desapegan, pero no es infrecuente que se manifiesten emotivos gestos de ese cariño que profundamente arraigó en los corazones infantiles. Es real el refrán de “siembra vientos y recogerás tempestades”, pero también el de “da cariño sin límites y a la larga tendrás cariños que brotarán en cualquier tiempo y lugar”.
Aplauso para esa simpática actividad de Cáritas Diocesana con nuestros peques, que nos hacen ver que a veces somos más materialistas los mayores, y que los niños son egoístas, pero egoístas de cariño y atenciones, de protagonismo, pero de atraer nuestra atención, interés y dedicación a ellos. Creo que cada vez los abuelos somos menos indiferentes, estamos más presentes en los sentimientos de los nietos, y quedamos más grabados en sus ánimos ya no como contadores de reiterativas aburridas batallitas, sino como experimentados modelos a los que en cierto modo admiran, y piden y hasta necesitan nuestra aprobación, conseja y aplauso.
Se ha pasado de la figura de los abueletes a los que hay que cuidar hasta llevarles a la residencia, a contar con ellos en todas las facetas físicas, sociales y educativas de las familias.
Aunque celebramos cada 20 de noviembre el “Día Internacional del Niño”, y cada 15 de abril su “Día Nacional”, solamente Argentina dedica al nieto los segundos domingos de mayo; no estaría de más que cada 26 de julio en que, por celebrarse la festividad de San Joaquín y Santa Ana, abuelos por antonomasia, el “Día de los abuelos”, se celebrase conjuntamente el justo y necesario “Día del nieto”, teniendo por modelo y patrón al Niño Jesús, “Día de abuelos y nietos”, pues no hay abuelos sin nietos, ni viceversa.

Desde luego si Cáritas extendiese su didáctico “brainstorming” a los abuelos, que al fin nos volvemos un poco niños, yo también, en esa elección de momentos de felicidad, diría “mis nietos”…