Pobre Constitución

Celebran la Constitución quienes, desde el Gobierno, han hecho de su voladura su objetivo central. Dudarlo es más que estar ciego, es no querer ver la realidad, mentir una vez más y engañar como llevan engañando desde que están en el poder y hasta para llegar a él. Hoy han llevado a la más obscena y sistemática práctica lo que negaban ayer con grandes y engolados juros y desmentidos, y mañana harán lo que hoy dicen que jamás harán. Y que es exactamente lo que ya tienen planeado y acordado hacer.

Para unos –Bildu, separatistas, podemitas– ha sido desde el inicio su hoja de ruta y su meta proclamada, el acabar con el “régimen del 78”, su forma de denigrar el pacto de convivencia democracia y libertad de los españoles, nuestra Carta Magna y a ello se han dedicado con todas sus fuerzas y capacidad de presión. Para el sanchismo ha sido el precio a pagar por instalarse en el poder y es ahora, ya también, amortizadas todas sus protestas de inocencia, ya el camino que, con total desvergüenza, se disponen a emprender. Lo han emprendido ya con la abolición de derecho de la sedición y todas y cada una de las leyes que han ido socavando los cimientos constitucionales de igualdad, por ejemplo no discriminación por sexo o de derechos ciudadanos de todos los españoles, el del uso de su lengua común en todo el territorio estatal.

Resulta repulsiva pero a la vez estremecedora, por su naturalidad y amortización, la ristra de proclamas y airadas protestas no solo de Sánchez, sino de muchos otros próceres socialistas, desde Ander Gil, ahora presidente del Senado, a Fernández Vara, presidente de Extremadura, negando que fuera a pasar lo que ahora ya está consumado y que, lejos de reprochar, aplauden hasta con las orejas. Con una total y absoluta desfachatez porque suponen que ello ya no les va a afectar electoralmente porque ya está descontado, borrado de la memoria y las gentes han tragado con ello. Tristemente, puede que tengan razón. La mentira no pena. En España, cada vez más, el delito y lo que resta, es decir la verdad. Según en qué, estamos a un tris de su prohibición, si es que no lo está ya.

La dinamitación de los cimentos constitucionales va a continuar con la misma táctica y tónica. Negación primera para luego pasito a pasito y de final con alarde y aplausos puestos en pie, perpetrar aquello que se había comprometido no hacer jamás.

Los pasos siguientes van a ser decisivos, y antes de que podamos acudir a las urnas. El esencial es convertir al Tribunal Constitucional en un apéndice gubernamental y a través suyo dar vía libre y por la puerta falsa, como se la dieron a la infame legalización de Bildu, tras haber sido rechazada por el Tribunal Supremo, ¿se acuerdan?, a fórmulas que permitan, sin que ello pueda ser votado por el pueblo español afectar a sus derechos esenciales. En resumen, cambiar la Constitución de manera torticera y sin que los españoles puedan decidir en su conjunto y soberanamente sobre ello. Ahí estará Conde Pumpido, arrastrando, como el mismo dijo, la toga por el fango, para permitirlo hacer. Si pueden, no lo duden, así lo harán.

Se acabará votando la independencia de Cataluña. Pero sobre ello al conjunto de los españoles no nos dejarán votar y no tendremos ni podremos siquiera oponernos. Se acabará por convertir la Constitución en un papel mojado sin que nosotros, el pueblo español, pueda ya ni levantar el voto ni la voz.

Lo harán en cuanto puedan y ahora ya van pudiendo, aunque aún tienen sus miedos, y lo harán con mucha mayor facilidad si cuando toque ir a la urnas ya no es que nos dejemos engañar es que demostraremos que nos encanta que nos vuelvan a engañar.

Hoy, día 6 de diciembre de 2022, están celebrando en el Congreso la Constitución muchos de los que tienen ya previsto acabar con ella. Pactado todo ya con quienes hoy harán público su desprecio, como todos los años, negándose a acudir. En este próximo, como tocan urnas, lo ocultarán un poco pero si les dan las cuentas después, el 2024 será el final de esta España que conocemos desde el día que logramos recuperar la libertad. Y no se equivoquen, los que proclaman que eso jamás, como ayer, serán los primeros en aplaudir, como hoy.