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Perversión

Escuchar al intrigante y siniestro ministro de justicia salir en defensa de la esposa del presidente del gobierno, es de una perversión jurídica e institucional tal, que no creo que tenga parangón alguno en un estado democrático europeo como en el que vivimos, donde hechos como éste se repiten con frecuencia, a cargo de unos ministros, que se comportan más como los componentes de un grupo de presión, decididos a luchar a capa y espada por mantener sus privilegios en el gabinete, que como ministros servidores del bien público al que representan.

Y así, con una frecuencia inaudita, se alternan entre ellos repartiéndose la labor en este caso de denunciar la persecución  a la que, afirman, se halla sometida por parte de quienes dicen desean perjudicar a su marido,  a la sazón jefe del ejecutivo, como si se tratara de vulgares y malévolos críticos de la que ellos han dado en llamar “pseudomedios”, algo en lo que se están convirtiendo estos aprendices creativos de panfletos y manifiestos varios dedicados  a defender a toda costa a su jefe por todos los medios posibles, a la par que lo hacen por sí mismos y sus privilegios ministeriales al efecto.

Todo ello en una ceremonia de la confusión que sorprende a propios y extraños, léase partidarios y opositores, que no pueden entender, porque es incomprensible, que el ministro de justicia tome partido por una persona que se halla inmersa en un proceso judicial, dónde él ha de ser el primer y principal garante de la imparcialidad que la justicia nos garantiza a todos los ciudadanos, algo que no ha respetado en este caso, y que indigna y sorprende  a partes iguales y que merece un cese fulminante, que sabemos a ciencia cierta no se va a producir.

En el mismo sentido que el susodicho ministro, se han pronunciado otros como el de interior, la de defensa y el inefable ministro de transportes, y cómo no, la hooligan del gabinete, tan excesiva siempre, dígase la vicepresidente primera, entre otros, que prejuzgan en sus argumentos y defienden a la esposa del presidente, pretextando que quienes la acusan, lo que en realidad pretenden, es ir contra su marido, al que buscan así desalojar de la presidencia del gobierno.

La impresión que inevitablemente se desprende de estos hechos, que la hemeroteca se encargará de confirmar, es que el gabinete ministerial se halla inmerso en una desesperada, absurda e impropia acción de defensa del jefe del ejecutivo, y de paso de su propia posición en el consejo de ministros, con acciones extemporáneas que ni ética, ni estéticamente les corresponden, que suponen una clara e intolerable perversión del sistema, que se sitúa a años luz de un comportamiento democrático del que adolece este gobierno con una alarmante y cada vez más preocupante  frecuencia.

No es mal menor que los miembros de un gobierno se dediquen a pervertir de esta forma unas instituciones, que como a la justicia, y  a sus representantes los jueces, dejan en entredicho con excesiva frecuencia, denotando una absoluta falta de respeto hacia la separación de poderes, y un desmedido y perverso deseo de acaparar y perpetuar un poder, que constituye sin duda, su máxima aspiración.

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