Pedro y el Papa

En ocasiones, los políticos se meten en berenjenales de los que salen trasquilados. Es lo que les ocurrió a los de Abascal con la moción de censura. Querían matar –metafóricamente hablando- dos pájaros de un tiro, y al final las campanas repicaron por ellos. Es lo que le ha sucedido al presidente Pedro Sánchez en su visita al Vaticano. La imagen lo dice todo. Aparece sentado en una esquina, atento a las palabras del Papa, que incluso le solicitó que hiciera de portavoz de sus palabras ante las Cortes Generales: “Transmítanlo a los miembros de su Parlamento lo que piensa el Papa de esto”. No sé –y no es una figura retórica- si se hubiera atrevido a tanto el Sumo Pontífice con el presidente de la República Francesa o con Angela Merkel.

En realidad, el presidente Sánchez ya había citado al Papa en las Cortes días antes, durante la moción de censura. Pedro Sánchez nombró en más de una ocasión y hasta de manera amplia la encíclica Fratelli tutti, en mi opinión una de las mejores escritas por un Papa desde Pablo VI, por unir contenido teológico, moral y responsabilidad social en una misma redacción. Pero, claro, una cosa es esa y otra bien distinta es que el presidente de un Gobierno democrático, seguramente sin esperarlo, recibiera un discurso de nueve minutos y de gran carga política sobre la situación española –lean entre líneas si no queda suficientemente claro-, con toque de atención incluido. No me consta que hubiera replica. “Es muy triste cuando las ideologías se apoderan de la interpretación de una nación, de un país y desfiguran la patria”, dijo el Papa. “La patria es lo más difícil que hemos recibido. Debemos construir la patria con todos. Y eso no es fácil. No nos está permitido refugiarnos en lo que fue 50 o 100 años más allá (…) Soy hijo, pero para eso tengo que ser padre del futuro”.

Creo que cualquier persona con un dedo de frente suscribiría 100% el análisis del Papa Francisco. Pero me pregunto qué hubiera dicho Podemos si el receptor de las palabras, si el comisionado para que las transmitieran al Parlamento, hubiera sido Mariano Rajoy o cualquier jefe de un Ejecutivo adscrito al PP. España no es un Estado laico, como Francia, pero sí aconfesional, con independencia de las relaciones de cooperación preferente que tiene que tener con la Iglesia Católica, la única citada por su nombre en la Constitución. O mucho me equivoco o a Pedro Sánchez no le debió de hacer nada de gracia la alocución papal.

Por lo general, de las audiencias del Papa con representantes políticos o institucionales poco transciende. Son los gestos lo que lo dicen todo. Sin embargo, en la recepción con el presidente español el discurso fue grabado y difundido a los medios de comunicación. Se le pudo oír, por lo tanto, al Pontífice perlas como las siguientes: “Consolidar la nación a veces supone dificultad de entendimiento con los localismos y los dialectos (…) en todos los países los hay. Pero también del derecho y la justicia para hacer que la nación sea cada vez más fuerte”. Dado que fueron grabadas espero que estas palabras también hayan llegado a los obispos catalanes, en especial a los de Solsona y Gerona, los más conspicuos defensores de las fuerzas soberanistas. Y puestos a pedir, al abad de Monserrat.

Es lógico que la Iglesia católica alce su voz cuando se trata de problemas específicos relacionados con la educación, la familia o el aborto, por poner ejemplos concretos. Es más raro que se introduzca en cuestiones digamos de índole más interna como el papel y la actividad de los políticos. Pero lo que resulta inaudito es que se lo diga en la cara al presidente de un país, y que nadie de la legación diplomática española –con lo rígida que son las formas en el Vaticano- previera esta circunstancia. El Papa Francisco es especialmente bien visto por los progresistas; no me atrevería a decir lo mismo por los más escorados hacia el conservadurismo. Pero quizá no aventure mucho al afirmar que la delegación española no terminó muy contenta de la visita. Como he dicho, la preparación pública del viaje se inició antes, de ahí las ostensibles citas a la encíclica en sede parlamentaria. Ahora habrá que comprobar si el presidente transmite también el mensaje papal a la Cámara.