Parlem de Catalunya

Truth is stronger than fiction. La verdad supera a la ficción. Probablemente la frase proceda de Mark Twain, y pudiera dársele al concepto verdad un giro semántico y entenderlo como realidad. La realidad supera a la ficción. Buena compañera de viaje para trasladarnos al escenario político catalán. Los nacionalistas luchan allí cada día para que la frase adquiera toda su razón de ser. La última salida de tono ha sido el manifestar que no respetarán la decisión judicial, avalada por el Tribunal Supremo, de que se impartan el 25% de las clases lectivas en español. Sustantivamente, solo supone una clase más en este idioma, que ahora, en una región española, recibe el mismo tratamiento que el inglés. Formalmente, hablamos del acatamiento de una sentencia judicial.

Pero ni flores. Todo da igual. Como quien se siente imbuido de una legitimidad supraterrenal –que eso es el nacionalismo-, de una impunidad distinta a la que poseen el resto de los ciudadanos españoles, se pasan por el forro de sus caprichos el Estado de Derecho y las libertades ciudadanas. Cuando se habla del uso del catalán o del español en las escuelas no se está aludiendo a la protección de una u otra lengua –las dos oficiales y propias de Cataluña, donde el español se utiliza desde el siglo XV-, sino a los derechos de las personas en el ámbito del Estado del que son ciudadanos. Y que están protegidos por una Constitución. Se da la paradoja de que los castellanos parlantes gozan de mayor derecho para estudiar en su lengua materna en Andorra que en Cataluña.

Las declaraciones del presidente de la Generalitat –representante del Estado en la Comunidad Autónoma- son propias de un dirigente antidemocrático. Porque no hay democracia sin Estado de Derecho, y al revés. Y es lamentable que la ministra de Educación sea cómplice de un conseller que se permite decir públicamente que la dicha ministra le ha asegurado que no promoverá el Gobierno el cumplimiento de la sentencia. Y será cómplice hasta que no lo desmienta categóricamente. El poder ejecutivo tiene la obligación de cumplir y hacer cumplir la legislación vigente -y armas administrativas tiene-, siendo los tribunales quienes fijan e interpretan la ley. Imagínense si en vez de la Generalitat, en lugar del president Aragonès, es la presidenta Ayuso la que se niega a acatar una sentencia judicial. La que se armaría.

Este caso, además, presenta la paradoja, cínica paradoja, de que estos aprendices de totalitarios fueron quienes recurrieron al Tribunal Supremo, pidiéndole amparo ante una sentencia del Tribunal Superior de Justicia de Cataluña. Como han salido trasquilados ahora no reconocen su autoridad. Los posibles desacatos, desobediencias graves o prevaricación ya poco se temen al caber siempre con posterioridad el indulto.

El problema es que unos representantes institucionales se nieguen a acatar resoluciones judiciales

El problema no es que un partido político mantenga una posición determinada. La democracia lo permite. El problema es que unos representantes institucionales se nieguen a acatar resoluciones judiciales. Y que la alcaldesa de Barcelona diga que quien quiera estudiar español que vaya a un colegio privado, y lo pague, dando por hecho que los castellanos parlantes forman una clase privilegiada en lo económico. O, lo que es peor, que por el hecho de su idioma natal son sujetos de mayores obligaciones económicas que el resto. ¿Es ese el concepto de escuela pública y gratuita para todos?

Por desgracia, este lamentable suceso se une a los hechos que se registraron ayer en la Universidad Autónoma de Barcelona, cuando unos cachorros totalitarios quisieron reventar el acto de la plataforma constitucionalista S´ha Acabat. Puro atentado contra la libertad de expresión. Por cierto, el PSC no apoyaba con su presencia la convocatoria de los constitucionalistas, en un juego equidistante que nunca comprenderé. Lo que sí tengo claro es que estos radicales antidemócratas no son una minoría. Beben de partidos y organizaciones que sobrepasan el 50% del apoyo político en Cataluña.

Y no es de extrañar. El Estado español ha hecho dejación de su autoridad durante estos años por mor de los pactos políticos necesarios con los nacionalistas. En muchos países de nuestro entorno más inmediato nacionalismo y populismo van de la mano. Pero en ninguno se ven con tanta permisibilidad e incluso simpatía –son socios para el Gobierno- estos totalitarios del indentitarismo como en España. Y en este campo, repito, no caben medias tintas. Lean, si no.

Ahora miras a tu país y vuelves a ver hablar a las bestias. Pero son de otro tipo. Carroñeras, víboras, hienas”. Quim Torra (2008), refiriéndose a los españoles.
Y más.

El hombre andaluz no es un hecho coherente, es un hombre anárquico. Es un hombre destruido (…), es, generalmente, un hombre poco hecho, un hombre que hace cientos de años que pasa hambre y que vive en un estado de ignorancia y de miseria cultural, mental y espiritual”. Jordi Pujol (1976). Sobre el inmigrante andaluz.

Truth is stronger than fiction.