Paradojas de la situación económica

Decir que la economía española pasa por una encrucijada en este inicio de año es afirmar poca cosa. Pero es la pura realidad. Lo que, sin embargo, distingue esta situación de otras son algunas paradojas que para cualquier economista se presentan difíciles de resolver. Vamos a ello. ¿Cómo casa que la ralentización del crecimiento —muy inferior, el crecimiento, al inicialmente previsto— vaya acompañado de una notable cifra de filiación a la Seguridad Social? ¿Son los todavía vigentes ERTE la causa? ¿Es pan para hoy y hambre para mañana debido al estancamiento económico producido por Ómicron?

Es cierto que la nueva variante ha pegado un palo al sector turístico en estas vacaciones invernales, sobre todo a mercados de destino tradicionales receptores de turistas extranjeros, en especial británico. Sin embargo, y comenzamos con las paradojas, ayer los valores que más subieron en Bolsa fueron los de Iberia y Meliá, probablemente por el deseo de los inversores de recoger beneficios. La bolsa española ha superado los 8700 puntos, lejos de lo alcanzado en el mes de mayo, pero quinientos puntos más que cuando el 2 de diciembre teníamos muchísimos menos contagios, aunque mayor incertidumbre. La tendencia bursátil en las últimas semanas y el funcionamiento del mercado de derivados empiezan a descontar un futuro más prometedor en el desarrollo de la pandemia de lo que en otros sectores se contempla.

Segunda paradoja. Las organizaciones empresariales generales en nuestro país— no las sectoriales— han apoyado la reforma de la reforma laboral. Probablemente ha sido esta la mejor posible si lo que se pretendía era llegar a un acuerdo, y tal y como estaban planteadas las cosas en un principio. En el editorial del pasado domingo este periódico expuso su opinión sobre su contenido, señalando lo que creíamos puntos débiles y puntos fuertes. Lo mejor, sin duda, es que procede de un acuerdo en el que han participado organizaciones empresariales y sindicales. ¿Por qué es tan importante el acuerdo? La respuesta cae por su propio peso no más atendidos algunos indicadores macroecónomicos.

La inflación interanual en el 2021 fue el 6,7%. En cambio, la subida media de los salarios según los convenios firmados ha sido del 1,5%

La inflación interanual en el 2021 fue el 6,7%. En cambio, la subida media de los salarios según los convenios firmados ha sido del 1,5%. Este desfase, con la consabida pérdida de poder adquisitivo, auguraba, en un escenario sin acuerdo, unas tensiones laborales importantes. Lo que podría conllevar lo que en economía se denomina segunda vuelta de la inflación: la inflación coyuntural tira al alza los salarios lo que amenaza a su vez con convertir la inflación en estructural. Un cuadro de inflación alta, pérdida de empleo y aumento de salarios puede ser letal para una economía. Es lo que ocurrió en España en los años 2008-2010, tras la crisis del 2008, lo que derivó en la advertencia de la Unión Europea y la reforma laboral del 2012, que ahora se reforma, aunque su núcleo básico se deje intacto.

No es de extrañar que la anterior ministra de Trabajo, Fátima Báñez, la fundación FAES y el propio presidente Rajoy hayan dado su visto bueno a la ya nueva normativa laboral. Lo que hay que conseguir ahora es que en la nueva negociación de convenios se fije la adecuación de salarios al coste de la vida en el largo plazo. Ya se ha realizado en algunas empresas del sector metal. Confiemos que para entonces —2024 es el año de referencia— la economía productiva haya mejorado y estén contenidos los precios. El hecho de que el Banco Central Europeo no haya cambiado su política monetaria expansiva –hay que recordar que posee más del 50% de la deuda española- es señal de que ese camino transitaremos. También es buena cosa que la UE no haya puesto freno a su política fiscal, y siga siendo laxa a la hora de admitir importantes déficits públicos nacionales.

La paradoja en todo esto surge con la postura del PP. Contrario a la reforma de la reforma hasta tal punto que un periódico cercano a los populares publicó ayer la intención del partido de negociar con el PNV y ERC para tumbar el decreto ley. ¡Con dos partidos que incluso defienden los convenios a escala regional como preeminentes! Hay ocasiones en que mejor no atender al jeroglífico de la política, salvo que se quiera terminar tarumba.

La última paradoja procede del sector energético. Obviamente ha quedado demostrada –incluso después de los intentos de la televisión pública española por explicar lo contrario- la enésima ligereza del presidente del Gobierno declarando que los precios de la electricidad en diciembre serían equivalentes al 2018. ¡En dónde parará el lumbreras que le iluminó el titular! Pero sorprende que cuando la UE ha reculado en la penalización por la emisión de CO2 declarando el gas y la energía nuclear como energía verde, siquiera transitoriamente, el Ejecutivo de Sánchez siga erre que erre en su posición. Eso se llama ser más papista que el Papa. Puede ser que en teología tenga un pase esta actitud; en economía, no. Ni a corto plazo, por los efectos dañinos en la inflación, ni a largo. Salvo que se pretenda convertir los campos segovianos en inmensos huertos solares, que hacía ese objetivo vamos.