Para historia, trabajo y buena gente: Caballar

Por muchas razones –algunas de ellas quedarán recogidas en estas líneas-, considero interesante describir los tiempos en la historia de una localidad segoviana. Me refiero a Caballar. Situada a 30 kilómetros de la capital, se sitúa sobre lo que fue un castro romano, con una extensión de 16,83 km2, reúne en torno a sus pobladores, los de ayer y los de hoy, notas de interés de las que este relato quiere dejar constancia.

De dónde su nombre. Entre 1123 y 1567 seis fueron sus denominaciones: ‘Cova Cavalar’ (Cueva Caballar); ‘Cova Cavale’; ‘Covacavalar’; ‘Covacavallar’ y Cavallar. Todas estas fechas se encuentran en los archivos de la Catedral. En el año 1567, publicado en el ‘Corpus de Coca’, aparece por vez primera el nombre con el que hasta nosotros ha llegado: Caballar.

Su procedencia etimológica del latín ‘Caballun’ (caballo de carga). ‘Cova’ (cavidad), es una derivación del latín vulgar, ‘algo natural o artificial’. El significado no es otro que ‘lugar donde se criaba ganado equino’. Siendo posible su relación con el río Mulas (Hurco) que discurre por la localidad (1). La RAE define el nombre del lugar como ‘perteneciente o relativo al caballo’.

Definido a vuelapluma un ‘trocito’ de su historia, vengo a dejar constancia de que durante el reinado de Dña. Urraca, año 1123, la reina hace donación (regala) al obispo de Segovia el lugar.
Presidía la diócesis Pedro de Agen, francés él, formado en la Abadía de Cluny.

Transcurridos, más/menos, 400 años, gobernando medio mundo, o así, Felipe II, teniendo su hacienda en bancarrota galopante (2) y obligado como estaba a sufragar guerras y hacer frente a los pagos de los que le habían prestado, buscando dinero hasta debajo ‘las’ piedras, acude al Papa, Paolo IV, al que debió pedir en estos términos:

‘Ante la situación económica que atraviesa ‘Mi Corona’, vengo a pedir que autorice a ‘Mi Gobierno’ a enajenar aquellos lugares que hoy pertenecen a la iglesia de España, que en otro tiempo mis antecesores donaron, y que hoy necesitamos recuperar para poder vender y recaudar el dinero que nos es necesario’.

En Segovia fueron varias las localidades que hubieron de pasar por ese trago. Pedro de Neila y Bravo, soriano, obispo de Segovia, fue quien -como les sucediera a otros purpurados españoles-, hubo de ‘entrar por el aro’ y Caballar fue una de las localidades que salieron a subasta en el siglo XVI. El preció a pagar se situó en 1.647.125 maravedís. A la puja acudieron los vecinos en conjunto y el terrateniente de la capital Antonio de San Millán. Los vecinos se quedaron con lo que suyo había sido.

¿Conocía el Papa el refrán: ‘Santa Rita, Rita, lo que se da no se quita’?

De años muy anteriores, siglo VII, a lo contado es la historia de los hermanos Frutos. Engracia y Valentín. Nacieron en la capital. Cuando se quedan huérfanos deciden buscar soledad. Viajan a las orillas del Duratón, viven en cuevas y, cuando se cansan, construyen una ermita (la de San Frutos), y allí viven hasta la muerte de Frutos. Lo entierran en la ermita.

Ellos se desplazan a Caballar e inician una nueva vida en la ermita de San Zoilo. La historia cuenta que fueron decapitados por invasores sarracenos y los cuerpos de los tres, por decisión del obispo ya citado, Pedro de Agen, fueron enterrados en la antigua catedral. Allí encontrados, son trasladados a la nueva, donde en el trascoro permanece lo que de ellos quede. En Caballar se veneran sobre todo cuando la sequía aprieta y se busca su intercesión; de ahí la ‘fiesta’ de ‘Las Mojadas’. Su primera celebración es de 1593. La ermita de Los Santos fue inaugurada en 1915.

Dos historias diferentes, pero Caballar es mucho más. Rodeado de fuentes, tiene agua en abundancia, fue ¿es? lugar privilegiado para la horticultura. Frutas y hortalizas llevaron sus gentes a mercados alejados de su sede. Sus repollos eran consumidos por la Casa Real cuando estos, los reyes, llegaban a San Ildefonso.

En el camino de búsqueda de cuestiones interesantes, ‘cuelgo’ aquí el calendario de trabajo (venta) de los hortelanos a lo largo de una semana: ‘Lunes, a Riaza; Martes, a Pedraza; Miércoles, a Fuentepelayo; Jueves, la capital; Viernes, Cantalejo; Sábado, Turégano y domingo en casa’.

Un dato. Año 1901. Mercado de Segovia. Las nueces de Caballar (por buenas) se pagaron a 15 pesetas la fanega; las que llegaron de otros lugares entre 11 y 12 pesetas.

La red de riego de sus huertas puede que sea la más antigua de España. Procede de la época musulmana. Sus caceras y acequias conforman una gran extensión, En la actualidad la mayor parte de la zona cultivable se dedica a autoconsumo, al cultivo ecológico y a la venta al por mayor del judión.

Permítanme un par de breves. De las canteras del referido lugar, piedra blanca y encarnada, salieron para embaldosar la Catedral y la Iglesia de San Antonio el Real. En el año 1857 el lugar recibe visita regia. Llega la Infanta Isabel, que tenía entonces seis años, acompañada de todo un séquito. Allí visita a quien había sido su ‘ama de cría’ y la de su hermana. Antes que ella habían pasado por Caballar, Enrique IV y Felipe V. Puede que visitaran también su iglesia románica (La Asunción de Santa María). Sus obras comenzaron en el siglo XII.

Final. A mediados del siglo XX, conocí a Wenceslao Martín, sacristán que fue del Santuario de La Fuencisla -en la casa rectoral vivía con su familia-, y músico por más señas. La caja (tamboril), no tenía secretos para él. En ocasiones acompañaba a Agapito Marazuela en San Marcos. Wences mostraba así la tradición musical del lugar donde nació: Caballar. Dos de sus hijos fueron músicos en la Banda de la Academia de Artillería. A toda la familia –la mayoría de sus miembros ya desaparecidos- la recuerdo con un inmenso cariño.

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(1) Datos recogidos de la publicación ‘Segovia y sus mil pueblos‘, 2ª edición, Derviche 2023. Autor, Martín Mesa.

(2) En 1557 era tan imposible de asumir la situación financiera en España que acabó en suspensión de pagos. El primero de septiembre de 1575 se decreta otra. Llegados al año 1583 mal seguía la situación. El Rey reconoce una deuda de 15.000 millones. Sin embargo los acreedores que tenían en su poder resguardo del dinero que habían prestado, la situaban en 149.000.