Pablo Martín Cantalejo – Las muchas atenciones

He comentado en varias ocasiones que hay que tener muy presente que la misión de los concejales de un Ayuntamiento no es nada fácil, y que siendo honrados y respondiendo al compromiso que voluntariamente han adoptado, tienen que esforzarse en hacer todo lo mejor posible su tarea. Quiero decir con ello que no es sencillo, y todos lo comprendemos, poder salir adelante siempre con éxito, pero también hay que tener presente que en una ciudad como la nuestra, no solo tiene por solucionar problemas importantes (que ahora no voy a citar, pues la mayoría son bien conocidos del lector), sino que también se exige mirar hacia cosas aparentemente “pequeñas”, pero muy importantes para facilitar la vida de los segovianos en todos los sentidos.

Ahora llega la noticia de que se tiene en proyecto la renovación de todos los contenedores de la ciudad, que dicen suman unos 1.500. Buena idea, porque los actuales llevan años en servicio y muchos en estado deficiente, además de ofrecer un panorama nada grato en esta ciudad (y no voy a caer de nuevo en el tópico de “Patrimonio de la Humanidad”). También parece que se piensa en otros contenedores que se retirarían en determinadas horas del día; aquí será novedad, pero ya se ha hecho, y con buenos resultados, en otras ciudades.

A ver si poco a poco podemos eliminar la presencia, en horas diurnas, en varios puntos del recinto amuralladlo y en otros “del exterior”, de cajas y cartones de todo tipo depositados ante contenedores en espera de la hora de recogida oficial. La impresión de su vista es de una dejadez total, y eso no dice nada bueno ni a residentes ni a visitantes.

Asimismo se asegura que el Servicio de Limpieza va a disponer de nuevos equipos para limpiar aceras y calzadas, suponiendo que también alcanzará el servicio a la limpieza de alcantarillas, cosa bastante olvidada en la ciudad.

Hablando de olvidos, no es suficiente que en la Plaza Mayor se instale un nuevo sistema de alumbrado en las farolas, sino que hay que cuidar la situación de la mayoría de los aparatos de iluminación existentes en todos los barrios, pues, pongo como ejemplo que los vetustos faroles del itinerario Plaza Mayor-Alcázar, calle de Velarde y varias adyacentes (cuya luz amarillenta es muy adecuada para estos lugares) llevan sin ser objeto de limpieza desde tiempo antes de que el partido dominante en el gobierno municipal rija el Ayuntamiento. Aparte de la falta de cristales, es repelente contemplar la cantidad de porquería que los años de olvido han ido depositando en su interior. Un recorrido por calles del entorno de la Plaza Mayor nos ofrece similar aspecto, junto a la perenne ausencia de una iluminación adecuada en el conjunto de Las Sirenas (todo esto producto de una rabieta).

Ya situados en problemas de iluminación, ésta se viene desvirtuando en varios monumentos, por pérdida de intensidad lumínica o por desvío de los proyectores. Por ejemplo, la torre de la Catedral, contemplada desde la plaza del Corpus Christi, apenas tiene luz por ese costado, en contraste con la abundante que ofrece en la fachada sobre el enlosado. Y si seguimos por este camino, se pueden señalar otros ejemplos parecidos.

En consecuencia, que está muy bien en pensar en novedades a incorporar al conjunto urbano (claro que tratando de evitar el foso en el que cayeron otros de épocas pasadas cuyas consecuencias negativas estamos padeciendo ahora), pero al tiempo que se piensa en esos nuevos proyectos, no se puede dejar de la mano lo que ya tenemos y ya utilizamos.

Puestos a mejorar, y vamos más allá de nuestros límites geográficos, la OMS acaba de decir que no se debe usar el saludo codo-codo porque acerca demasiado a las personas, y recomienda que se ponga la mano en el corazón o que se salude a estilo oriental: manos juntas e inclinación de cabeza, cabeza que va a pedir a algunos la ministra de Igualdad que quiere que se sancione a quien piropee, gaste una broma o simplemente mire a una mujer. ¡Hay que ver lo difícil que se nos está poniendo la vida, virus incluido!