Pablo Martín Cantalejo – “Decíamos ayer…”

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En esta ocasión no es precisamente Fray Luis de León (al que se atribuyen, porque parece que hay antecedentes) quien pronuncia estas palabras ya históricas, al reintegrarse a su cátedra en Salamanca, sino que es Antonio Madrigal el que las hace suyas al “volver” al periódico donde durante años nos hizo reír con sus chistes y las aventuras del Tío Frutos. Vuelve Antonio, pues, y regresa a este diario el buen humor, con ese aire fresco y actual que él da a sus monigotes.

Y coincide su regreso con una etapa en la que las circunstancias nos han amargado a todos la existencia; en general, por el miedo al virus, y en muchos casos, en particular, por la pérdida de seres queridos y las trágicas circunstancias que movieron a situaciones inimaginables. Vamos ahora, pues, no a olvidar, porque lo que sucedió y sigue sucediendo, no se puede olvidar, pero sí a recibir con buena voluntad ese aire fresco de humor que nos trae, claro está, el humorista.

Aunque, si bien se piensa, tampoco él va a conseguir que nos olvidemos de esa otra cuestión que es la solicitud, en la que se está insistiendo, de que regrese a Segovia la Escuela de Enfermería que, como se recordará, creo que alrededor de diez años de funcionamiento, lanzó a Segovia –con proyección a otros espacios nacionales- promociones de excelentes y abnegadas enfermeras que, con sus actuaciones profesionales posteriores, dejaron huellas del buen aprendizaje que tuvieron. Dicen los directamente responsables del tema que habrá que ser pacientes, pero las dudas son muy grandes. Y ya se sabe que Segovia casi siempre “pierde” en materia comunitaria. Este recuerdo de la Escuela de Enfermería me hace retroceder también la memoria y remontarme al inicio del Gran Hotel Sirenas que se convirtió en una auténtica escuela de profesionales, de los que todavía algunos, afortunadamente, se encuentran entre nosotros.

Pero no ha sido así en otro tema, el deportivo, porque en el curioso reportaje “recordatorio” que Javier de Andrés publicaba hace unos días, faltan hoy muchos de aquellos nombres que a los que entonces éramos chavales, nos hicieron emocionar en el primitivo Peñascal –también con terreno de tierra- y donde en tiempo invernal había que auparse a los bancos de madera para “escapar” de la nieve.

Escape que, volviendo a nuestros días, no tienen tan a mano bastantes profesionales que trabajan en nuestra Segovia por causa de los duros meses pasados y la pérdida (provisional en menos casos de los que quisiéramos) de sus puestos de trabajo. En algunos de mis anteriores comentarios me he referido a determinados sectores “víctimas” de la situación, pero todos sabemos que el dolor alcanza a muchos más, cuyos trabajos siguen en peligro. Y memorizo en estos momentos a otras profesiones a las que quizá en los medios hemos dedicado menos a tención, como puede ocurrir con los taxistas, guías de turismo, empresas de transporte humano y de mercancías, gasolineras, organizadores de festejos de ocio, feriantes y yendo más allá, alcanzamos a muchos de los que viven del mundo de los toros, no solo empresarios, sino también profesionales de la fiesta nacional, a la que muchos desearían borrar este calificativo, pero que históricamente es imposible que lo hagan.

Definitivamente, el modo de vivir está cambiando para todos, y costará años, como vaticinan los expertos, en conseguir una normalización en las esferas laboral y económica. Mientras, los de “más arriba”, aquí y en toda España, tirándose los trastos a la cabeza en perjuicio de los que no pudieron llegar “tan alto”.