Pablo Martín Cantalejo – “Citius, altius, fortius”

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Me remonto, con esta locución latina (¡tan olvidado hoy el latín!), a la creación de los Primeros Juegos Olímpicos de la Edad Moderna, celebrados en Atenas en 1896. La frase la pronunció el fundador de dichos Juegos, el francés barón Pierre de Coubertin, pedagogo e historiador. Su traducción: “Más rápido, Más alto, Más fuerte”, y fue el lema de los J.O. de Munich de 1972, junto a los cinco anillos de diferentes colores y una antorcha.

El lema, naturalmente, no ha perdido actualidad, y me hace recordar tiempos pasados en los que las modalidades deportivas no eran muchas en nuestra provincia, frente a la amplia relación de las que hoy existen y en muchas de las cuales la mujer ha ido cobrando una singular presencia, incluso en modalidades “más violentas”, como el fútbol y el rugby.

Cuando me responsabilicé de la información deportiva en este periódico, allá por el 1953, las posibilidades de practicar deporte se ofrecían en las modalidades de fútbol, baloncesto, ciclismo, pelota a mano, esgrima, esquí, montañismo, natación (con la particularidad de que esta última solo podía practicarse en los ríos, pues no había piscinas), algo de tenis y hockey sobre patines, juegos como el ping-pong y el ajedrez, “deporte memorístico”. Seguro que olvido alguna otra especialidad. Frente a ello, las posibilidades que tienen hoy de practicar deporte los aficionados a él son muy grandes y amplias, pues han ido creándose nuevas modalidades que han contribuido a que muchas personas tengan mayor número de oportunidades para elegir su deporte preferido.

La carencia de instalaciones deportivas adecuadas también era un obstáculo en aquella época, frente a las muy numerosas con que hoy se cuenta, no solo en la ciudad, sino en muchas localidades de la provincia. Lo que ha dado como consecuencia que también en ellas, disponiendo de campos al aire libre o pabellones, se puedan alimentar equipos de varias modalidades que “pintan” mucho en el panorama deportivo nacional. Y me río ante las opciones que entonces teníamos los chavales, que entrenábamos al futbol en el solar anejo a la Plaza de Toros y en otro situado al pie del Cementerio, que conocíamos como de Las Calaveras. A veces algunas organizaciones y equipos podíamos disponer de los campos de Chamberí y El Peñascal, con terrenos de juego de tierra. Hoy, buena hierba, adecuada iluminación, graderíos con asientos individuales, cabinas para los informadores…que “ayer” nos sentábamos en la grada, entre el público. Mis experiencias deportivas en el terreno de la información fueron muy extensas desde que en 1965 me incorporé a la Asociación Nacional de Periodistas Deportivos, en la que asistí a numerosas asambleas como uno de los tres asociados representantes de las ciudades y provincias que no disponían de asociación propia. Ello me sirvió para contactar con colegas de la prensa deportiva de toda España e incluso me llevó a conseguir un tercer premio en una concurso nacional organizado por la UNESCO sobre un “Manifiesto sobre el Deporte” entonces promulgado. De los diez finalistas (con nombres como Nemesio F. Cuesta, Ramón Melcón, Miguel Domínguez, Erostarbe…), por delante de mí estuvieron “dos grandes” de la prensa deportiva del momento, Enrique Monsalve, de “Ya”, y Acisclo Karag, de “Marca”. El jurado fue presidido por el príncipe Alfonso de Borbón y el premio me mereció una felicitación acordada en pleno del Ayuntamiento de la ciudad.

¡Cuántos recuerdos también “deportivos” en mi, gracias a Dios, larga historia profesional!