Pablo Martín Cantalejo – 40 años… y más cosas

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Bien está; quedaron atrás ya hace unos días las celebraciones de las Ferias y Fiestas de San Juan y San Pedro, con la novedad de haber contado este año con un “alcalde” de fiestas en vez de alcaldesa, aunque la otra, la de verdad, va a seguir con su reglamentario mandato. Y que sea para bien…de la ciudad y de los ciudadanos. Esperemos.

Quedó también atrás la celebración del 40 aniversario de la “Tajada del Barrio de San Andrés”, que salió por vez primera en 1979 aunque, curiosamente, en el programa oficial del Ayuntamiento no figuró, ya como “tradicional”, hasta el año 1988. Esta vez el color azul de las camisetas de los “atendedores” de la carroza han recorrido, como de costumbre, el trayecto Pl. de la Merced, Plaza Mayor, Azoguejo y han regresado, como es natural, sin una rajita de chorizo de los muchos kilos de este producto, queso y jamón de que fueron portadores y repartidores en las correspondientes bandejas. A la vuelta de su recorrido se encontraron “funcionando” el organillo que el popular folclorista Salva había colocado, frente a su casa, al pie del enlosado de la Catedral, manejando con una mano el manubrio y manteniendo abierto con la otra un paraguas para que no se recalentase el instrumento musical. Y de vez en vez, su voz cantó las melodías que interpretaba el cilindro.

Todo esto, pues, ya es historia pasada, porque el tiempo va veloz, como le ha ido, sin darse cuenta, a ese concejal que salió elegido y que seguidamente ha sido sustituido, ante el disgusto, supongo, de cuantos votaron al partido pensando en él. Cosas de la política, que te da gato por liebre de vez en cuando. Y a veces te da también sorpresas como ha sido la comunicación escrita recibida por la Asociación de Amigos de la Casa de la Moneda de carecer de espacios disponibles para realizar en ella la presentación de un libro precisamente ¡sobre la misma Casa de la Moneda! Claro que el libro tiene como autor al presidente de la mencionada asociación, que no es persona grata para parte de la corporación municipal. No obstante, y pese a quien pese, hay que señalar el notable valor del contenido de la nueva obra de Glenn Stephen Murray, “Fraude Real. Las aventuras monetarias de Felipe II en el Real Ingenio de Segovia”, que al final ha sido acogido en la Real Casa de la Moneda en Madrid para su “puesta de largo”, precisamente el día más señalando de nuestras Ferias, el de San Pedro y San Pablo, con una conferencia del autor. El contenido del volumen, con 300 páginas de apretado texto, es un estupendo estudio elaborado a lo largo de varios años y como consecuencia de muchas horas de investigación principalmente en el Archivo General de Simancas. El laborioso texto va ilustrado con docenas de imágenes a todo color, de grabados antiguos sobre Segovia y el arte de la acuñación, reproduciéndose asimismo numerosos textos de los originales consultados, en los que se cuentan las “aventuras” del Monarca en relación con nuestra Fábrica de la Moneda.

¡Ay! (sin hache) qué cosas hay (ahora con hache) que ver y oír en esta ciudad, donde ya se comienzan a vender entradas para un festival muy del agrado de algunos y muy criticado por otros, que aparte de traer a la ciudad personajes relevantes de distintas profesiones y especialidades, seguro que su presencia no deja tanto beneficio monetario como el Campeonato de España de ponis celebrado en las pasadas Ferias y Fiestas en el Centro Ecuestre de Castilla y León, en la antigua carretera de Arévalo junto al lugar antes denominado Los Lavaderos, con participación de cuatrocientos jinetes y amazonas de hasta 16 años, que esos sí que han traído a Segovia, según los organizadores, en torno a las 4.000 personas, que han tenido que comer y pernoctar varios días, por lo que en buena parte de los restaurantes y hoteles ha habido que colocar el cartel de “completo”. Este evento sí representa un producto beneficioso para un sector importante de la economía local, aunque algunos “pasen” sin prestarle la adecuada y debida atención. Y es que, ante “nombres ilustres”, hay que dejar a un lado a los jóvenes jinetes.