Pablo Iglesias rediseñará su futuro

Muchos ciudadanos no han superado todavía la perplejidad que les supuso conocer la dimisión (cese, en el BOE) del vicepresidente 2º y ministro de Derechos Sociales, Pablo Iglesias y rematar la lidia con la devolución de su acta de diputado para liderar la candidatura de Unidas Podemos a las elecciones del 4-Mayo convocadas por la presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso. No viene a ser poco fundada esa perplejidad por cuanto suponía renunciar a un sustancioso sueldo de 6.500 euros al mes; renunciar a su aforamiento y al poderío y relieve que le generaba su puesto en el Consejo de Ministros, con fácil acceso a las Instituciones –incluso al Rey- su libre disposición de tiempo para el mercadeo con independentistas, separatistas, proetarras, inconstitucionalistas,etc.; desarrollo de su vocación imperialista y prepotente; el favorecimiento de proximidad al Poder de gentes de dudosa lealtad con la Constitución y su incontinencia y permanente agresividad consentida por el presidente Sánchez contra las Instituciones del Estado, incluida la Corona. Parecía claro que esa dimisión debería tener una explicación. Aunque dejara en el Consejo de Ministros –como se sabe- parte y soporte de su ideario y de su impronta.

“Este, que vio lo que se le podía venir encima, optó por la victoria que suponía una retirada a tiempo”

En un ejercicio de intuición periodística “La calle” lo ha visto de esta manera: sobre todo teniendo en cuenta –como punto básico de partida- la difícil situación política (de la que Iglesias era consciente) a que había llegado por la deriva de su conducta. Lo que había impulsado duros requerimientos al presidente del Gobierno para su cese por parte de Plataformas de la Ciencia y la Cultura así como de políticos de las corrientes de izquierda más significados (ver “La calle” de 22-3-21) , lo que a su vez había puesto a Pedro Sánchez en un difícil trance y al borde de un ataque de nervios que pudiera desembocar en la liquidación de Iglesias. Este, que vio lo que se le podía venir encima, optó por la victoria que suponía una retirada a tiempo. Si en eso se concitaba de paso la convocatoria de elecciones a la Comunidad de Madrid y tenida en cuenta la difícil situación por la que atravesaba –y atraviesa- el partido morado, su partido, que según las encuestas no alcanzaría posiblemente ni el 5% necesario para incorporarse al juego democrático, nada mejor que aprovechar la ocasión y morir con dignidad en el status de la relevancia política de que gozaba. Pensemos que la encuesta de GAD para ABC revela a Iglesias como el peor valorado de los seis candidatos a pesar de ser el 2º más conocido, aunque sin lograr tampoco poco más del 2’4 del arco.

Parece evidente que si el de Galapagar pretende sostener el Partido y obtener un resultado en las urnas que le permita obtener escaño en la Puerta del Sol, sabía que no podía dejar que encabece cualquiera la candidatura morada , sino su persona, en quien descansa sin duda el mayor tirón popular de la formación. Otra cosa es que, reconocida su reclamada indemnización de 5.316 euros (el 80% del sueldo que cobraba como vicepresidente, y supuestamente incorporado en su día –si acaso- a la Asamblea de Madrid, siempre habrá opción de renunciar al escaño en favor del siguiente colega, más anónimo que él. Así las cosas (apartado del pódium de la alta política) Iglesias tendría algo más de fortaleza en el Partido; asegurada su participación en la “pelea” electoral, que tanto le gusta; presencia en la Asamblea como espera y tiempo suficiente para ejercer la imposición de su fanatismo ideológico sin cortapisas; continuar con su obsesión de amordazamiento de los medios de comunicación libres; medrar en los foros que le interesen y aplicarse en la vida de tertuliano en espacios de los medios complacientes, escribir algún libro y dictar conferencias en países que paguen bien, aunque tampoco sería una necesidad vital por cuanto que sus ahorros tras su paso por la política democrática, le garanticen ya un saneado estado de bienestar.

Está claro y así me gustaría que constara que esta reflexión no es más que un ejercicio de intuición personal sin más aval que el sentido común. Otra cosa será lo que veamos más pronto que tarde.