OTAN

Hablando entre amigos sobre la cumbre de la OTAN en España, alguien preguntó: ¿para qué sirve la OTAN?. Estuvimos un rato de animado debate y finalmente recordé una situación que sufrimos en los años 80 del siglo pasado, y que posiblemente serviría de ejemplo para tratar de entender su utilidad. Expliqué someramente aquellos hechos, y me sorprendió que prácticamente nadie se acordaba, o como mucho lo recordaba vagamente; por suerte, ahora todos somos conscientes de lo que está haciendo Vladimir I el Invasor de Ucrania, y lo seguimos en los medios de comunicación aunque sea con mucha tristeza y gran preocupación.

Pues resumiré lo que pasó y seguro que mucha gente lo recuerda. En la década de los ochenta, pocos años antes de la caída del Muro de Berlín, (episodio al que se debería dar mayor difusión entre los jóvenes ya que ignoran su terrible significado), se produjo la famosa crisis de los Misiles en Europa. En aquella época, Europa, dividida por el Telón de Acero o Muro de la Vergüenza -que es como se denominaba al Muro de Berlín-, soportaba la Guerra Fría que enfrentaba a las potencias de la OTAN y el Pacto de Varsovia. Quiero señalar que España entonces no estaba integrada en la OTAN, y muchos recordarán el slogan de “¡OTAN, de entrada no!” o aquel de ¡OTAN no, bases fuera!, coreados permanentemente por la izquierda.

Pues bien, a finales de los 70, Brezhnev desarrolló un programa de misiles nucleares SS-20 de largo alcance (casi 6.000 km.), que se instalaron en suelo soviético, y también en la República “Democrática” Alemana y en Checoslovaquia. El problema era que estos misiles podrían alcanzar a cualquier población europea.

Por este motivo, el entonces canciller alemán Helmut Schmidt planteó la situación a la OTAN y al presidente Carter. La respuesta de la OTAN fue fijar un plazo para negociar, y si fracasaba la diplomacia, se instalaría una red de misiles para neutralizar las fuerzas soviéticas, en la R.F.A., Holanda, Bélgica, Reino Unido e Italia. Finalizado el plazo de la negociación, el Bundestag (Congreso alemán) votó a favor del despliegue de los misiles, e inmediatamente se empezaron a desplegar los misiles Pershing II en diversos lugares de la R.F.A. Ya lo dijo Cicerón: “si queremos gozar la paz debemos velar bien las armas; si deponemos las armas, no tendremos jamás la paz”.

Y fue entonces, curiosamente, cuando comenzaron las manifestaciones y multitudinarias concentraciones de diversos grupos pacifistas de izquierda pidiendo el desarme nuclear de Europa. Es decir, cuando los misiles nos apuntaban a nosotros nadie se movilizó, pero cuando fueron neutralizados y apuntaban a la Unión Soviética, entonces apareció el mundo “pacifista” en todo su esplendor. Como yo creo que trabajar por la paz es plantar cara a quien la amenaza, en aquel momento dejé de creer en los “pacifistas” y preferí seguir siendo un hombre pacífico que es mucho más serio.

También es conveniente recordar el dato de que los líderes rusos eran ancianos y con salud precaria, hasta tal punto que en tres años murieron tres de ellos (Brezhnev, Andropov y Chernenko). Por tanto, las negociaciones estaban en manos de segundas filas, lo que no transmitía precisamente confianza ni seguridad.

Por suerte, la llegada de Gorbachov y su Perestroika rebajó la tensión, y junto con Reagan solucionaron el conflicto gracias a su buen entendimiento y sentido común. Fue en la cumbre de Whashington, en 1987, donde se puso fin a la escalada nuclear con el acuerdo de desmantelamiento de todos los misiles que habían sido motivo de preocupación durante casi una década. Con todo esto se comprende que Winston Churchill entendiera en su día que “Rusia es un acertijo envuelto en un misterio dentro de un enigma”.

Pero hoy volvemos a tener a Rusia, o más bien al autócrata de turno, amenazando a Europa y provocando la muerte y la destrucción en un país como Ucrania, cuyo único pecado es hacer frontera con ellos. Y volvemos a tener que recurrir a la OTAN para frenar su intento de debilitar a los europeos y a nuestra economía, porque lo que es evidente, es que la mejor forma de librarse de un problema, es resolverlo. Y dentro de la desgracia que siempre es una guerra, solo veo una cosa positiva, y es que Putin ha conseguido unirnos a todos como nunca habíamos estado, hasta tal punto, que países como Suecia o Finlandia han abandonado su política de neutralidad para incorporarse a la OTAN.

Como dijo Einstein, “cuando me preguntaron sobre un arma capaz de contrarrestar el poder de la bomba atómica, yo sugerí la mejor de todas: la paz”.