Ostracismo pasivo

La respuesta a la pregunta está siendo cada vez más clara. ¿Cómo se defiende el personal de la intoxicación y control político de los medios de comunicación? Pues lo tienen delante, condenándolos al ostracismo pasivo. O sea, ni verlos ni escucharlos.

El ejemplo más esclarecedor lo hemos tenido estos pasados días con la entrevista alfombra, explicitada al final por el genuflexo locutor, al presidente del Gobierno en TVE 1. La audiencia no alcanzó ni un exiguo 6%. O sea, que no la vio ni la parroquia más acérrima. Un fiasco completo en una cadena, la pública, que ha perdido su condición de referente y se ha convertido en residual. Hay ya reiterados días en que ni siquiera es tercera sino que cae a un cuarto puesto entre las generalistas. Cayó ya hace más de un año del 10% y ahora ya lo hace por debajo del 8% en muchas ocasiones.

La réplica es muy simple pero habría de preocupar cada vez más a quienes han hecho del control de los medios su obsesión y primordial objetivo y que son quienes ahora deberían estarse haciendo la pregunta clave. ¿De qué nos sirve controlarla y manipular a nuestro antojo si cada vez lo ve menos gente?

He puesto este ejemplo de Sánchez por ser el más relevante y casi sin precedentes. Nunca un presidente español había alcanzado tan escuálido resultado en una entrevista en exclusiva y en horario de máxima audiencia. Pero es un fenómeno que va más allá tiene una mayor dimensión y profundidad todavía.

Las televisiones generalistas o la televisión misma están sufriendo una crisis cada vez más creciente y los espectadores, sobre todo los más jóvenes huyen de ellas. Y ya no digo de los políticos y en particular de algunos políticos, los que, curioso, más salen. O casi mejor dicho, viven en cierta forma en ellas y por ellas y se nos meten en casa un día sí, otro también y a todas horas.

De una manera muy directa y muy clara le escuche esta reflexión hace unos días a un joven y avezado empresario vinculado con el mundo de la comunicación. “No se dan cuenta de que, al revés de lo que piensan, por estar todo el día hablando cada vez les escucha menos gente -y añadió- algunos provocan un hartazgo y un rechazo que ni se imaginan”.

El fenómeno no deja de ser una forma de resistencia. Muy silenciosa, pero muy efectiva, porque en realidad les condenan ya que no pueden hacerlo al silencio, a no ser escuchados, lo que es una depurada forma de ostracismo. Pasivo pero eficaz.