Nuestros pinares

Por desgracia, este año las masas de pinares están siendo de plena actualidad nacional. Los incendios se producen por un lado y otro de la Península, muchos, al parecer, provocados por insensatos y otros muchos por efectos de la Naturaleza. Ante esta situación, he leído con sumo interés un artículo publicado en un medio nacional titulado: ¿Por qué no se quema Soria?

El autor, Antonio Carrillo, dice que la clave de esta circunstancia” viene desde hace siglos y es conjugar el aprovechamiento, la conservación, la economía y la implicación social”. La respuesta la da el director del Centro de Servicios Forestales y Promoción Forestal y de su Industria de Castilla y León (Cesefor): “Soria tiene una gestión asentada con un bagaje histórico muy tradicional fuerte. Eso hace que haya todo un sistema formado por un conglomerado de propietarios forestales públicos o privados, una administración forestal implicada, centros tecnológicos, sector industrial de transformación de la madera, la Universidad… todos implicados en la gestión oficial”.

Yo diría que en este sentido también está Segovia en línea. Desde hace tiempo inmemorial, los pinares segovianos, en especial Navafría y Valsaín, están sometidos a continua vigilancia y a labores oportunas de saca y limpieza, sin olvidar la presencia en ellos de ganado que también ayuda, por su parte, a la conservación.

Conservo un interesante libro, al que ya me he referido en alguna ocasión, titulado “Los montes de España en la Historia”, editado en 1980 por el Ministerio de Agricultura español y firmado por el ingeniero forestal alemán Erich Bauer, a quien precisamente conocí hace años en su ciudad natal, Trier (Tréveris), cuando se prestó a hacer de guía de dicha ciudad para un reducido grupo de periodistas españoles, invitados por el gobierno alemán. Cuando le dije mi procedencia, respondió que conocía muy bien Segovia y, por supuesto, nuestros pinares de Valsaín y Navafría, sobre los que había hecho muchos estudios y análisis. En su libro, Bauer dice que un personaje ilustre, Joaquín de Castellarnau, tan enamorado de nuestra provincia hasta su fallecimiento, “entre 1870 y 1872 trabajó en varios distritos forestales: Huesca, Lérida, Segovia y Cuenca, y pasó entonces al servicio del Real Patrimonio de San Ildefonso, donde nacieron sus aficiones al estudio de la naturaleza. En colaboración con Rafael Breñosa y un tercer compañero verificó la ordenación del bosque de Valsaín. Los tres ingenieros tenían un amistoso trato con el joven Rey Alfonso XII, acompañándole en las cacerías y excursiones a caballo”.

Años después de este encuentro tuve la ocasión de saludar de nuevo a Erich Bauer durante una visita suya al CENEAM de Valsaín para pronunciar una conferencia.

En el plano de la conservación de ambas grandes superficies pinariegas de Valsaín y Navafría, siempre ha existido un ejemplar cuidado y una especial vigilancia. Concretamente en cuanto al proyecto de ordenación del boque de Navafría y sus revisiones decenales, conocí al ingeniero Miguel Sainz Margareto, jefe provincial entonces del Servicio de Montes, que fue el autor de las revisiones efectuadas en Navafría en 1948 y 1959, época en la que recuerdo las visitas que ingenieros forestales extranjeros hacían a este pinar. A partir de 1969 fue su sustituto, el también ingeniero y buen amigo José Ferrando, el que proyectó las revisiones de 1969 y 1984, siendo ya autor de la novena revisión su sustituto, Javier María García-López, quien manifestó al hacerse cargo del pinar de Navafría: “Heredé de José Ferrando su bien más preciado, su Pinar, cuando aún era yo un joven y bisoño ingeniero. Me dijo tras pasarme los trastos a un año de su jubilación: Si vales, el Pinar te acogerá y te envolverá, si no, él mismo te expulsará. Fue un 26 de junio de 1992, en la reunión anual de la Comunidad y Tierra de Pedraza, propietaria del mítico monte Pinar de Navafría”.

A la ‘buena salud’ y gestión de los pinares segovianos, viene a apoyar en estos momentos un estudio realizado recientemente por investigadores del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) en el que afirman que la gestión de los incendios forestales en la prevención y recuperar la población en las zonas en las que la demografía se ha desplomado, son algunas de las claves para anticiparse a los efectos devastadores del fuego. Los investigadores señalan dos líneas paralelas de actuación: “La recuperación de la población y los trabajos de campo, y la gestión forestal de las áreas naturales”. Y añaden que “hay que recuperar paisajes donde haya un mosaico de usos, como bosques, cultivos herbáceos y leñosos, pastos y matorrales, una diversidad que actúa como un cortafuegos natural mientras se regenera rentas que permiten a la población vivir dignamente”.

Estoy seguro de que, conocida esta línea de preocupación y “amor” hacia nuestros bosques, siga su cuidado en la misma línea de mantenimiento y vigilancia extrema para la tranquilidad y buenos resultados de explotación en beneficio de las comunidades propietarias.