No nos merecemos un gobierno que nos mienta

Por tierra, mar y aire el Gobierno ha vendido los datos del mercado de trabajo de junio pasado como extraordinarios, prueba del dinamismo de la economía española algo que, para desgracia de todos, nada tiene que ver con la cruda realidad.

Cierto que siempre que baja el desempleo hay que alegrarse. En este caso, más de 40.000 trabajadores salieron de las listas del paro. Sin embargo, el descenso es prácticamente cuatro veces inferior al que se anotó junio del año pasado y asistimos otro mes más al maquillaje de los datos del total de desempleados, que se sitúa realmente en casi 3,4 millones, ya que hay que tener en cuenta los otros no ocupados, con disposición limitada y en ERTE.

Tampoco son para lanzar las campanas al vuelo los datos de contratación indefinida puesto que sólo 2 de cada 5 han sido a tiempo completo. Es más, el último día de junio se rescindieron 308.000 contratos, así que el mes acabó con casi 202.000 afiliados menos.

Lo mires por donde lo mires, por días, por quincenas o el conjunto del mes, el mercado laboral muestra una debilidad preocupante que acompaña a las peores previsiones de crecimiento de la economía que ya apuntan organismos como la AIReF o el Banco de España. De hecho, los economistas ya hablan de un aumento del PIB para el conjunto del año mucho más raquítico, por debajo del 4%, y alguna tasa negativa en la última parte del año.

¡Mucho se ha adelantado algún ministro a decir que la probabilidad de que España entre en recesión es muy baja! Sin embargo, los indicadores adelantados y los ya conocidos son bastante preocupantes. La venta de vehículos, el frenazo del consumo, el número de personas que no podrán ni ir de vacaciones, la caída del ahorro y de la confianza, la subida de las hipotecas o el número de pobres ponen blanco sobre negro que la situación de la economía es realmente muy preocupante. Y no valen paños calientes, ni seguir engañando a la población. Eso ya lo vimos en 2008-2009 y los resultados de una mala política o de la inacción fueron años de crisis.

Ahora Zapatero parece que va a asesorar a Sánchez. ¡Qué Dios nos coja confesados! Entonces, las cuentas públicas tenían un superávit que se gastó inútilmente, se negó la crisis y los españoles siguieron endeudándose hasta las cejas y comprado casas, cuando se avecinaba un “crash” que se llevó todo por delante. Ahora no hay superávit sino una deuda descomunal y una inflación galopante. ¿Quiere Sánchez repetir el modelo de tomar a los españoles por tontos, engañarles con unos cheques o ayudas que después apenas llegan por mala gestión? Es sorprendente que ninguno de sus más de 700 asesores le aconseje para bien y sí le preparen argumentarios sobre conspiraciones, cenáculos oscuros y hombres con puro.

Cada cual es libre de suicidarse políticamente como quiera, pero no puede jugar con la vida y hacienda de millones de ciudadanos que apenas llegan a fin de mes, que no pueden hacer frente a sus deudas y que asisten atónitos a la falta de soluciones.