No es maldad, es estupidez

Hay un aforismo, el principio de Hanlon, que refleja bastante bien lo que está sucediendo en algunos ámbitos de la política española. Viene a decir que no hay que atribuir a la maldad lo que se puede explicar adecuadamente por la estupidez. Juzgue el lector lo que ha sucedido con la famosa mesa bilateral entre el Gobierno de España y el de la “Generalitat” de Cataluña.

Cuando Pedro Sánchez, tras indultar a los dirigentes de la sedición, se aviene a pagar el nuevo peaje que le exigen sus socios de ERC -a quienes debe la investidura que le consiguió la Presidencia y de quienes espera que le aprueben los Presupuestos- van los seguidores de Puigdemont y le dan una patada a la mesa intentando colar la presencia de dos de los indultados que no forman parte del gobierno catalán.

La foto de Sánchez en Barcelona aceptando la bilateralidad es un triunfo de los separatistas de Esquerra que los otros separatistas de JxC han querido torpedear. Hanlon, puro.

Otro ejemplo tomado de la crónica de estos días nos lleva a la disputa por el liderazgo del Partido Popular en la Comunidad de Madrid. Los dirigentes nacionales de este partido llevan camino de pegarse un tiro en el pie. Pretender apartar a Isabel Díaz Ayuso, la dirigente que arrasó en las pasadas elecciones autonómicas del 4 de mayo arrinconando al PSOE que había tenido a Pedro Sánchez implicándose a fondo en la campaña, es un error. Es una decisión equivocada que solo puede provocar división en el seno de un partido al que ahora todas las encuestas sitúan encabezando las preferencias de los electores.

El triunfo de Díaz Ayuso ha sido el catalizador de ese renacer de los populares en los sondeos de intención de voto a escala nacional. Prueba de ello es que con anterioridad, en las elecciones catalanas, pese a la participación directa de los dirigentes nacionales el PP fue uno de los grandes derrotados hasta el punto de haber sido superado en número de escaños por Vox. El aforismo o principio de Hanlon admite una variante que reemplaza el concepto de estupidez rebajándolo hasta la incompetencia. No sabría decir qué es peor.