Mujeres en la Iglesia: pasos que podemos dar ya

Desde que se convocó el proceso sinodal, cuya primera fase diocesana acabamos de realizar, el tema de la situación que las mujeres tienen en el interior de la Iglesia, es de los más comentados. En los últimos tiempos, con las reformas que va introduciendo el Papa Francisco, es frecuente ver cómo algunas pocas mujeres son nombradas para cargos importantes del gobierno de la Iglesia, cargos que siempre han estado en manos de varones y clérigos. Ahora se pone en esos puestos a mujeres, tanto religiosas como laicas. Y, por ser algo novedoso, eso se convierte en noticia. Son nombramientos que ponen en evidencia la falta de igualdad real en la Iglesia.

Está fuera de duda que las mujeres, al ser mayoría en el Pueblo de Dios, hacen muchas cosas e importantes en la tarea evangelizadora de la Iglesia. Gracias a su trabajo heroico y generoso, salen adelante muchas tareas en la Iglesia universal: su servicio a la Iglesia como catequistas, animadoras de actividades religiosas, culturales, asistenciales, caritativas, celebraciones, el amoroso cuidado de templos, el despliegue de acciones misioneras en países y lugares difíciles y hostiles, etc. Todo eso es innegable y extraordinariamente meritorio por parte de infinidad de mujeres.

Pero lo grave es que están estructuralmente excluidas de los órganos y espacios en los que se toman las decisiones: tanto en los niveles más cercanos de las parroquias como de los más altos en la escala jerárquica como son las diócesis y los dicasterios nacionales y romanos. En todos esos espacios deliberativos y decisorios siempre tienen un papel secundario. Más bien irrelevante o nulo. Esto es lo preocupante de la situación. Porque se trata de una exclusión de las mujeres en la Iglesia.

Frater España ha organizado en los dos últimos años varios seminarios online, que pueden verse en su Web fratersp.org, con difusión a nivel internacional, sobre todo en América Latina. Mª Teresa Compte Grau, Doctora en Ciencias Políticas y Sociología, mujer creyente y comprometida en la Iglesia, quien, a través de la asociación Betania, atiende de forma integral a víctimas de abusos sexuales en contextos religiosos, trabajando desde la recuperación de las personas que los han sufrido y la reparación del daño, presentó en marzo pasado un seminario sobre el tema “Las mujeres en la Iglesia: desafío y oportunidades”.

Hizo un breve repaso de momentos relevantes en los que en la Iglesia se ha abordado el tema de las mujeres… pero sin las mujeres: “El derecho de las mujeres a usar la palabra para referirse a ellas, a su realidad, a su propia existencia, no ha sido reconocido institucionalmente. Es verdad que el Sínodo es una oportunidad, pero no debería ser la única y en ningún caso la definitiva. Éste es un desafío para poder institucionalizar, de alguna manera, que la palabra de las mujeres sea dicha y escuchada” e invitó a poner en práctica algunas cuestiones urgentes de abordar y resolver, sin esperar a la decisión final del Sínodo:

• Superar esa mirada en que nos ve «a las mujeres solo como madres o esposas». «La maternidad no es un asunto exclusivo de las mujeres; no hay maternidad sin paternidad». «Y generar una nueva vida es un ejercicio de responsabilidad».

• «Trabajar para erradicar todos los tópicos, los prejuicios que vinculan a la mujer con la tentación». «El cuerpo de la mujer es sagrado y no causa de tentación».

• «Mirar a la mujer desde su humanidad» y no «utilizarla como servidumbre barata dentro de la Iglesia», no reconociendo su «mérito para tomar decisiones dentro de la misma».

• «Perseguir los abusos sexuales perpetrados por hombres consagrados y ordenados» y acabar con «las relaciones de poder sacramental».

• «Reconocer que el bautismo es la fuente de los derechos y deberes que nos hacen iguales dentro de la Iglesia. Lo que significa que todos, también las mujeres, por ser bautizados, tenemos derecho a participar plenamente y sin discriminaciones en la comunión y en la misión de la Iglesia».

Queda mucho por hacer en este campo en la Iglesia, pero también es verdad que no está todo sin hacer.