Morir en la frontera

Cuando en Mayo del 2021 se produjo el asalto de ocho mil personas a la frontera de Ceuta, de las que aproximadamente 800 eran menores, resultaba evidente que se trataba de una operación de asedio orquestada desde Marruecos como respuesta a la torpe y chapucera acogida del líder del Frente Polisario Brahim Ghali. Se abrió con Marruecos una crisis diplomática sin precedentes, que provocó la retirada de la embajadora en Madrid, Karima Benyaich.

Sorprendentemente y después de una permanente presión sobre las fronteras de Melilla y Ceuta con masivas oleadas de inmigrantes, Sánchez en el mes de Marzo de este año, envía una “carta privada” al Rey de Marruecos para anunciarle que España aceptaba su posición sobre el Sáhara, en un intento desesperado de restablecer las deterioradas relaciones con el reino alauita. La reacción belicosa de Argelia contra España no se hizo esperar, dado que la cuestión del Sahara es “casus belli” con Marruecos y solo ellos pueden poner fin al conflicto. Todos estos disparates de la errática política exterior española, han provocado un seísmo político de incalculables consecuencias en una zona geoestratégica muy sensible para los intereses de España y del flanco sur de la Unión Europea.

Cuando toda la oposición al Gobierno, incluida la de Podemos, está a la espera de alguna aclaración sobre el motivo de la misteriosa carta a Mohamed VI que él mismo filtra, se produce en el mes de mayo, uno de los sucesos más trágicos y graves que han ocurrido en una de las fronteras territoriales de España con Marruecos. Causaba escalofríos contemplar los cadáveres de subsaharianos amontonados en territorio marroquí como consecuencia de la brutal represión de la gendarmería.

Las dantescas imágenes deberían haber servido al menos para remover las conciencias de los responsables políticos y haber exigido incluso a nivel europeo, responsabilidades por la inusitada y violenta actuación de las autoridades marroquíes. Todo lo contrario, la reacción del presidente del gobierno y del ministro del interior Marlaska ante esa tragedia, fue la de mentir y respaldar a los marroquíes de una forma impropia, torpe e inoportuna. Tan impropia como el silencio mantenido entonces por la oposición, hasta que un mal intencionado reportaje de la BBC ha conseguido, varios meses después, provocar su precipitada reacción parlamentaria.

Al margen del injusto daño que puede sufrir nuestra querida y abnegada Guardia Civil por este reportaje, lo que no termino de comprender es que la Comisión de Libertades Civiles del Parlamento Europeo, que hoy preside el socialista López Aguilar, requiera la presencia del ministro Marlaska. ¿Se trata de distraer la atención sobre la grave responsabilidad de Marruecos por los trágicos sucesos ocurridos en la frontera de Melilla, territorio de la Unión Europea? ¿no les basta con mentir en el Parlamento español?