Moisés Miguelañéz Gómez – Marciano: singular poeta rural en Migueláñez

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Decía la psicóloga Neugarten (1916 – 2001) que envejecemos de la misma manera que hemos vivido. No existe un único patrón para envejecer pero, sin duda, en el medio rural existen unas características propias que enriquecen esa “tercera edad”, más aún si el anciano ha vivido la agricultura como actividad profesional. Los lazos del entorno natural y el trato social donde todo el mundo se comunica motivan el estado de ánimo y la integración es más fácil.

Nuestro peculiar protagonista, con más de noventa años, vive esta etapa de la vida en Migueláñez: Marciano Fuentetaja Pastor.

Nació, trabajó la agricultura y ha vivido toda su existencia en esta pequeña población, pero es un personaje tan metido en la vida del lugar y que pone tanto empeño en lo que él considera “sus obligaciones”, que por su lucidez de ideas y la dinámica diaria nadie diría que se trata de un nonagenario.

Madrugador siempre, una de sus primeras ocupaciones es atender a la “burra Maritere” (ya más de 25 años en el lugar ), patrimonio del pueblo y tan emblemática que hasta ha dado nombre a la asociación cultural local. Él se encarga de echarla de comer, limpiar su establo, sacarla a las eras en tiempo bueno….

Tan dicharachero y siempre con buen humor, le oí decir hace días: He oído en tv que en Asturias vive un Marciano con cien años, ¿por qué no podré yo superarle? ¿quién acabará antes “la Maritere” o yo?.

Diariamente toma su furgoneta y se encamina a sus huertecitos donde cultiva de todo , obteniendo siempre los frutos muy tempraneros pues siembra las plantas en invierno en tiestecitos que trasplanta en primavera. Goza con esta actividad y su producción la reparte altruistamente entre vecinos, y siempre acompañan a tomates y pimientos una pequeña poesía, faceta en él muy peculiar.

La huerta y su furgoneta le dan la vida. ¡Qué orgulloso se sentía este verano cuando le renovaron el permiso de conducir por algún año más! Si algún día me quitan el coche —afirma con frecuencia— me quitan la vida.

Tiene la suerte de vivir con Jacinta, su esposa y dos de sus hijos residen en el pueblo. Otro, Juanje, ya hace 25 años falleció y conmocionó al pueblo, pues era una persona tan excelente y querida que un parque en su memoria tiene en el municipio levantado con el esfuerzo de amigos y vecinos. Marciano diariamente barre, limpia y cuida el lugar, pero no sólo eso, casi como si fuera un empleado municipal, es frecuente verle barrer una calle, arreglar un bache en un camino, echar herbicida en una calle….

Ferviente defensor de fiestas y tradiciones es fiel representante de los abundantes capistas del lugar, atuendo característico de Migueláñez. Por Navidades, San Blas, Semana Santa, la Cruz….. es el primero que luce la pañosa capa española y porta la insignia de la cofradía, siendo muy estricto en la celebración de actos. Hasta llegado Corpus pregunta si es día de capa y hay que quitarle la idea y casi obligarle a guardarla hasta Navidad.

Pero la faceta verdaderamente asombrosa de Marciano, aparte también de ser excelente asador de cochinillos, es la de ser un auténtico poeta rural.

Recuerdo cómo Rosalía de Castro con no excesiva instrucción, llegó a ser una grande en la poesía gallega, o cómo Miguel Hernández, cuidador de cabras, está en la cima poética española. Lógicamente Marciano está aun lejos estos grandes, es como comparar un equipo de primera con uno de regional ¡pero los dos juegan al futbol!

Próximamente, ante la buena acogida del libro RAICES , será publicado un segundo sobre la vida local de los últimos siete decenios, y en él habrá un amplio capítulo donde se recopilarán las numerosas poesías que conservo, y que me gustaría reflejar aquí, pero que por su amplitud resulta imposible.

Valga decir que en 2017 se recuperó una romería, tras 250 años en el olvido , en honor a san Isidro, volviéndose a celebrar en 2018 y 2019; pues tengo los escritos en versos , muy amplios , donde cuenta avatares e incidencias de esos eventos, desde quejándose por el mal estado del camino , hasta el número de jotas bailadas, y la historia tan curiosa de un helicóptero para subir a la ermita, escrita de una tan graciosa forma y a la vez tan realista, que yo convencido estuve que iba a suceder de verdad.

Y hasta aquí el semblante de este singular hombre de nuestra tierra ejemplo de vivir con ilusión juvenil siendo ya nonagenario.

Enhorabuena, Marciano, y gracias por tu aportación a la comunidad.

¡Ojala hubiera muchos “marcianos” en la Tierra!

Acabo con unos versos dedicados al mal estado del camino hacia la ermita para que apreciéis el estilo sencillo y gracioso de su obra: He hablado con algunos/y me van a acompañar,/si no se arregla el camino/la vamos a preparar/como protestar están de moda/nos vamos a manifestar.