Moisés Migueláñez Gómez – Otro año más, el día del maestro

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Hace unos días, el 27 de noviembre, se ha celebrado el Día del Maestro. antes no lectivo, pero que ahora cada Comunidad lo ajusta en el día oportuno para hacer un puente añadiéndolo a un festivo.

A lo largo de los tiempos la labor del docente ha sido clave en la formación de la sociedad. Su figura ha ido perdiendo valor, nuestros padres, y más aún nuestros abuelos hablaban del respeto y autoridad que en la comunidad tenía el maestro. Su labor es ahora la misma aunque, a veces, el reconocimiento es menor.

A lo largo de los últimos cuarenta años se han ido sucediendo numerosas leyes en el ámbito educativo, un vaivén constante que no ha supuesto ninguna estabilidad a la enseñanza. Desde la Ley General de Educación de 1970 (LGE) hasta la actual pasando por LOECE, LODE,LOGSE, LOMCE….todo ha sido un ánimo de innovación que ha durado hasta la siguiente legislatura, ya que con el cambio de gobierno lo primero que se tocaba era la ley de educación en vigor, sin que siquiera hubiese acabado de implantarse.

En este momento, más que nunca, se necesitaría un Pacto de Estado por la Educación. Es algo que la sociedad demanda, pero eso sí, que no se hiciera desde un simple gabinete, sino que tomara muy en cuenta la opinión y experiencia del docente.

Los que, tras largo periodo docente, vivimos la jubilación hemos podido apreciar no sólo los cambios de planes antes aludidos y la distinta consideración del maestro por parte de la sociedad. Antes muy mal pagado, recuerdo mi primer sueldo solo doscientas pesetas más de lo que me costaba la pensión mensual y para llegar a fin de mes había de hincharse a dar clases particulares. ¡Cuántos bachilleres habremos preparado en los pueblos para ir a examinarse libres a la capital!, y que hoy, aunque no es el caso, comparados los emolumentos con personal de la Administración de rango similar, e incluso inferior, los de un enseñante son menores.

Ahora estadísticamente la docencia está entre las profesiones de más stress y juntamente con el sector sanitario quien más agresiones sufre.

A pesar de esto la vocación prima en la profesión, la grandeza de la labor educativa, vivida en su profundidad, salva con mucho los obstáculos del camino. No sé si habrá alguna labor más grande que la de enseñar. No hace muchos meses tuve el honor de ser invitado a pronunciar el pregón de fiestas de Fuente el Olmo de Íscar, mi primer destino, ahí encontré a todos mis antiguos alumnos, algunos actualmente tan sólo con ocho años menos que yo, pues cuando fui destinado ahí contaba con poco más de diecinueve años. Ver el cariño, reconocimiento y afecto, tras mis andanzas profesionales por Barcelona con destino en el “ barrio chino” cercano al puerto y posteriormente en el entones barrio chabolista de San Blas en Madrid, de donde también conservo vivencias duras pero muy positivas de la vida de los alumnos que tuve que sacar adelante, creo que ha sido uno de los momentos más emotivos de mi jubilación. Y ya al final de mi trayectoria educativa mi destino en Coca, con la satisfacción de tener de alumnos a algunos hijos de exalumnos de Fuente el Olmo.

¡Cómo se aprende de los alumnos! En las Escuelas de Magisterio, en la Universidad… se estudia mucha pedagogía, psicología…teoría, pero la práctica, el vivir día a día el aula es lo que forja al maestro, y eso, lo enseña el alumno.

Los tiempos cambian. A lo largo de mi recorrido por la escuela he vivido desde la famosa enciclopedia Alvarez, el sistema de fichas, las mochilas abultadas de textos, el encerado y la tiza, la pizarra electrónica, las tablet…; pero hay algo que está sobre la metodología, los planes y los medios que pueden cambiar, es el Maestro ; es insustituible.

¡Qué suerte la del docente que vive su trabajo vocacional!. Trabajo duro, de dedicación total, de comprender al alumno y, a veces, de sentirse poco valorado . Ser enseñante es eso, y aun jubilado se seguirá sintiendo Maestro.

Vivir la enseñanza es algo tan grande que aún en mis sueños apacibles siempre está presente mi escuela y mis alumnos. Siento un entusiasmo tan grande que si cien veces naciera, cien veces sería… Maestro.

Desde aquí mi felicitación a todos los docentes, mis ánimos y el deseo de que la sociedad llegue alguna vez a reconocer vuestra labor. El recuerdo especial a aquellos que trabajan con población marginal y, cómo no, a los maestros rurales que desempeñan su labor en tantos pueblos de la España vaciada, pueblos que luchan por mantener un aula, porque realmente uno de los momentos que determina la muerte de un pueblo es cuando se cierra la escuela y dejan de verse niños correteando con sus mochilas.

Y acabo mi felicitación con estas dos frases:

“El objeto más noble que puede ocupar el hombre es ilustrar a sus semejantes” (Simón Bolívar).

“Si cree Ud. que la educación es cara, pruebe con la ignorancia” (Derek Bok)