Manuel Fernández Fernández – Cuarto y mitad de “desescalada”

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Me chirría hablar en clave de humor, llamémoslo ironía, de tema tan dramático como es el dichoso coronavirus, pero es que el tema del confinamiento y su consecuente “desescalada”, da para mucho comentario, y por ser tan prolongado hay que superar el tinte dramático, luto nacional que, aunque el Gobierno se resista a honrar a tanto ciudadano que se nos fue, que por supuesto nos rompe el corazón, comienza con la utilización de una palabra inexistente, “desescalada”, aunque en cualquier momento la acoja la RAE que “limpia, fija y da esplendor”, cuando en el rico castellano tenemos descenso, desaceleración, merma, bajón, decaimiento, acortamiento, debilitamiento, desaceleración, cesación, mejoría…

Pasamos al control de la pandemia, ésta que avisados meses antes, no se pusieron medios de evitar, mejor que controlar, que parecía que a nosotros no nos afectaría, que sería cual benigna gripe, que aunque algunos no somos del mismo Bilbao, somos de España, aunque no en su mejor momento, permitiendo o jaleando algaradas callejeras, control que ahora ejerce un “comité de expertos”, que no conocemos, aunque parece que, junto a algunos sanitarios, los hay psicólogos, maestros, sociólogos, economistas, ingenieros aeronáuticos, jueces, filósofos, juristas…, y nos van dando plazos, tal vez creyendo que viviendo en una burbuja no nos contagiaremos, pero sin pensar que un país no puede estar un trimestre gastando sin producir, y este comité nos anda administrando la “desescalada”, en dosis, como los supositorios, en “fases”, pero de esta guisa denominadas: la cero que es la primera o de preparación, la fase 1, que esa la segunda, la 2, que es la tercera y la 3 que es la avanzada, y después, inventándose una intermedia entre la 0 y la 1, la 0,5, que ya sólo falta que saquen la de cuarto y mitad de “desescalada”, según alguna autonomía pida o reclame, nomenclatura que tanto me recuerdan a la hilarante escena de “Una noche en la ópera”, en que Groucho Marx dice: “La primera parte de la segunda parte contratante, sea la segunda parte de la primera…”

En las sucesivas fases de desescalada se han dado normas tan chuscas como que en el coche particular no pudiera viajar la familia que cada día vive en el mismo hogar; que una familia con tres hijos sólo pudiese salir con uno de los progenitores; que las mascarillas fuesen imprescindibles o superfluas según se dispusiese, o no, de ellas; que los chinos nos colasen una partida de mascarillas “de broma”; que los escolares que han seguido las clases telemáticamente, no tengan aprobado general, pero se le parezca mucho; que al darse, como antaño a los reclutas y las niñeras, salida una hora determinada, se juntasen masivamente, que es lo quería evitarse; que quienes tenían que dar ejemplo de cumplimiento eran los que se saltaban las normas; que se jugase con la adjudicación más con miras políticas que sanitarias, como demuestra ese 0,5 concedido a la Comunidad Madrileña por las razones alegadas por la presidenta madrileña…, la penúltima es la apertura al turismo, principal entrada de ingresos, pero enclaustrando a los turistas durante dos semanas, es decir pensando que los extranjeros vengan a España a encerrarse en una suite hotelera.

Por supuesto que lo dramático de este maldito “bicho” es, ha sido y va a seguir siendo, si Dios y San Roque no lo remedian, la terrible cifra de españoles, de ciudadanos, sanitarios, cuidadores de residencias de mayores, sacerdotes, matrimonios, policías, monjas, transportistas…, especialmente mayores, ancianos a los que por menor expectativa de vida se ponía a la cola de atenciones, muriendo sin el alivio de la mano amiga, la mirada familiar y el deseo de buen viaje a la Eternidad y ese último adiós que sí es “eutanasia” o muerte apacible y respetuosa, pero en el momento de liberar a los confinados también habrán de tenerse en cuenta los riesgos economicistas de tan prolongado paro, que un país sin producir cierra empresas, lleva a miles de empleados a los ERTEs que son potenciales paros encubiertos, jóvenes que viéndose en la calle, han de volver a las casas de sus padres, que se genera una miseria generalizada como ya estamos viendo en las interminables hileras de ciudadanos que perdieron empleo y pasan a pedir de limosna el pan de cada día…

Todo esto, que comentado con ironía resulta menos dramático, pero que en la realidad es tremendamente duro, de lo que vamos a tardar en olvidar, y muchos ya no podrán hacerlo en la vida, por larga que ésta sea, está dando ocasión de mostrar el talante colaborador y ciudadano del pueblo, pero cuando se ve y aprecia tanto interés político, y se actúa tan alocadamente, que se han estado dando y rectificando normas, cada día, cada hora, han colmado la paciencia de los españolitos de a pie, y lo que tanto tiempo ha sido demostración de agradecimiento a quienes en cumplimiento de su profesión cumplían hasta el sacrificio de salud y aun vidas, esos aplausos masivos de cada terraza, balcón o ventana, ese clamor al paso de ambulancias, vehículos policiales, militares o de voluntariado, ha ido dando paso a, con la misma libertad de expresión que el aplauso, mostrar la indignación por tanto error y personalismo, y han comenzado las “caceroladas”, no manipuladas por colectivo alguno, sino tan espontáneas como las músicas, humor y aplausos, que yo en cierto modo apreciaba por bien nacidos agradecidos, pero que mostraban excesiva fiesta en un país, que aunque se resiste a ponerse oficialmente de luto estamos en un colectivo y constante entierro, y en las más duras condiciones del último viaje; y también aquí en estas manifestaciones de la pregonada libertad de expresión, se dan casos peregrinos como que el vicepresidente y otro ministro en vez de asumir que tanto error produzca hartura, y asumir responsabilidades propias del cargo en la gobernanza, impiden esas manifestaciones poniendo a las fuerzas del orden del Estado, a disposición suya, cortando sus calles para no sufrir esta justa y necesaria afrenta, mientras ellos, sin respeto al cargo que ocupan, amenazan con más fuertes caceroladas en las puertas de políticos de la legal oposición.

D. Miguel de Unamuno dijo “venceréis, pero no convenceréis”, que es algo parecido al “venceréis por la razón de la fuerza, pero no convenceréis con la fuerza de la razón”.

Tanto error y tanto personalismo o partidismo se quiere ocultar reduciendo la libertad de información, poniendo a las fuerzas del orden a perseguir noticias que perjudiquen al ejecutivo, tratándolo de “bulos”, revisando las preguntas o, simplemente, no respondiendo a las comprometidas que formulen los informadores acreditados.

Si no fuese por el horrible drama de nuestros miles de muertos, cuasi record mundial, bien podría verse como una comedieta bufa.

Pues eso, que quien esto firma, por segoviano, últimos redimidos, y por anciano, edad marginada, estoy en esa fase de cuarto y mitad de “desescalada”, lo que tal vez no sea lo mejor para mi salud, pero estoy desarrollando una admirable franciscana paciencia.


(*) Españolito doblemente confinado, por segoviano y por anciano.