Misterio del Acueducto de Segovia

Señora directora:

Quien escribe y publica muestra su deseo de comunicación.

Quien escribe y publica muestra la humana necesidad de comunicación.

Escribir sobre historia, sobre arte, sobre arquitectura … es un acto voluntario donde el rigor en la selección documental, el estudio previo y la sinceridad personal en la observación de los hechos empujan a cada letra del texto hasta su orden final, convirtiéndolas en pensamiento escrito, pensamiento elaborado, no improvisado.

¿Es la obra escrita la que termina por definir al autor?: en parte sí pero, antes y principalmente es el autor quien, al estudiar e interpretar, redefine y da nueva vida, nueva dimensión al objeto estudiado, al hecho estudiado, gracias a su personal y rigurosa dedicación.

Las piedras que conforman La Puente Segoviana, bloques que buscaron, extrajeron de las canteras, tallaron y transportaron aquellos ‘aedificantes Romam’, son las mismas que vemos hoy pero, al ser colocadas en el orden previsto por el ‘Architectus Imperatoris’ dejaron de ser sólo piedra berroqueña para significar la ‘utilitas, firmitas y venustas’ de una obra humana, obra para conducir sobre un puente el agua necesaria, la obra de un Acueducto.

Donde nada había -sólo una vaguada-, no sólo hay bloques pétreos, hay Arquitectura, hay nuevos espacios para la vida.

La naturaleza, atemporal, tras elevadísimas temperaturas y presiones de la corteza terrestre y tras su lento enfriamiento posterior, hizo cristalizar el feldespato, la mica y el cuarzo para configurar el granito, pero no es el granito el que define al Acueducto, es el hombre quien, al servirse de los elementos más apropiados de la naturaleza, posibilitó un asentamiento humano porque le llegó el agua sobre un puente granítico, canalización no erosionable por el curso continuo de las aguas, ‘Pontem Vitae’, puente por el que discurre un elemento de vida.

Aún bimilenaria, toda obra arquitectónica se renueva con cada atenta mirada (sí, atenta, no distraída ni efectuada a través del rápido pulsar sobre la diminuta pantalla de un teléfono móvil -herramienta que ayuda pero no suple al observador-).

La observación requiere de tiempo y de atención, única forma de percibir la ‘grandeza’ de un edificio o de un hecho, con independencia de su tamaño físico.

Dominica, con toda una vida frente al Puente Segoviano, conoce esa grandeza y escribe sobre ella por deseo y necesidad de comunicación, con orden … como ordenados están los labrados bloques berroqueños en la obra de Arquitectura e Ingeniería por excelencia de Segovia.

¿Qué define a la autora del libro?:Dominica observa, estudia, escribe y comunica, haciendo virtud humana del deseo y la necesidad humana de comunicación.

Dominica de Contreras y López de Ayala, décima Marquesa de Lozoya (con Grandeza de España) y séptima Marquesa de Villanueva del Castillo.

¿Quién es capaz de percibir la grandeza de las realizaciones humanas?; ¿Quién está familiarizado con el concepto de ‘grandeza’?; ¿Influyen para ello en Dominica los reconocimientos nobiliarios que engalanan y que discretamente luce?

La forma personal que tiene Dominica de afrontar y de inyectar contenido de interés a las publicaciones nacidas de sus estudios es la que ensalza y dignifica los acontecimientos y obras humanas y, también, a sus títulos nobiliarios, no al revés.

La nobleza y la dignidad están en la persona y es la ‘persona noble’ (cualidad interior, cualidad del alma) la que da grandeza a España y la que reviste de dignidad a los títulos de reconocimiento individualizados.

Bienaventurados los mansos, no los tibios.

Gracias, Dominica, por tu incansable generosidad, por la constancia y calidad de tu trabajo.

Julio César Escobar Ramos