Miguel Velasco – ¿Qué hay de lo mío?

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A estas alturas todo el mundo conoce el proceso encaminado hacia la investidura de Pedro Sánchez como presidente del Gobierno. Y, en consecuencia, conoce también las jornadas de justificación del voto (llevadas a cabo a trancas y barrancas, incluso sin respeto a las festividades) en las que se produjeron no pocos sobresaltos y descalificaciones; plenos de la Cámara de Diputados donde se escucharon las mayores descalificaciones personales y muy graves alusiones hacia las instituciones e incluso al Estado por parte de quienes ostentando su cualidad de parlamentarios vulneraron la preceptiva norma institucional de juramento o promesa (no con el sueldo que recompensa su esfuerzo) con otras diatribas, suficientes en puridad para apearles de su representación en la Cámara. Y es igualmente de dominio público el resultado de la votación entre sus señorías con dos votos de diferencia a favor del candidato. Lo que quiere decir que no sólo se dibujó una clara división del Parlamento sino lo que representaba de fraccionamiento de la ciudadanía representada. Lo que desde luego si que se vió es la cara de cada uno y el concepto que tienen del Estado y de la unidad de España.

Mas, cubierto ese trámite, quedaron flotando en el espacio varias interrogantes que no han sido despejadas:

¿ Por qué en su campaña electoral (incluso a lo largo del proceso que comentamos) el candidato Pedro Sanchez no explicitó su propósito de pactar con los independentistas, republicanos, inconstitucionalistas,,etc. en caso de no obtener la mayoría absoluta en las urnas?. De ese modo, el sufragio emitido sí hubiera gozado de la lealtad deseada.

Por qué durante el proceso previo a la investidura Pedro Sánchez no fue capaz de explicar cuál era el contenido de los acuerdos suscritos para un posicionamiento favorable con los distintos grupos políticos que después y en base a tales compromisos le auparon hacia el resultado final de investidura. Sobre todo el referido al Pais Vasco-Bildu y con ERC, quizá los de mayor compromiso. Acuerdos que, en todo caso, se suponen suscritos con un contenido dentro de la legalidad que fija nuestra Carta Magna. Otra cosa sería (y desde luego de mayor gravedad) que se rebasaran las líneas del ordenamiento?.

Por qué se optó por el voto imperativo presencial y de viva voz identificativo personalmente en vez de suscribirlo sustentado en la cláusula de conciencia, es decir mediante papeleta secreta, eludiendo así la posible imputación de “voto cautivo”?.

Seguramente quedan todavía flecos que inducen a la duda y al despropósito. Pero lo que está clara viene a ser la dificultad con que se va a encontrar Pedro Sánchez para dar cumplimiento a sus compromisos. No olvidemos las afirmaciones por ejemplo de ERC que ya ha amenazado con bloquear el Gobierno si no se acepta la negociación de la autodeterminación de Cataluña (en lo que coincide el Pais Vasco-Bildu), la celebración de un referéndum ansiado, una amplia amnistía para los presos, la retirada del Gobierno como parte en las causas judiciales abiertas contra el “proces”,etc? Cosa difícil de cumplir. Pero ya veremos, pues no hay que perder de vista tampoco el acuerdo del PSOE con el PNV y el BNG de cara al reconocimiento como identidades separatistas de Cataluña, Pais Vasco y Galicia”.

Chocó también, frente a las prisas hacia la investidura, el aplazamiento de la formación de Gobierno durante unos días (en base sin duda al pronunciamiento del Tribunal Supremo sobre la inmunidad del catalán Torrá, en cuyo ánimo estaba liderar y dirigir la Mesa Bilateral con el Gobierno. Desechada esa situación por el Alto Tribunal la semana pasada, el presidente volvió a cambiar de fecha, formalizando su gobierno mañana mismo. Qué curioso.

Parece, por otra parte, que no ha sentado muy bien –sino todo lo contrario- que Pablo Iglesias, en su condición de corresponsable de la gobernabilidad, haya hecho pública la relación de vicepresidencias y ministerios de UP y PC. No habrá que perder de vista que Iglesias va a tener su sede no en la Moncloa (como era su deseo) sino en un palacete próximo donde quizá pueda celebrar sus “consejillos de ministros” previos al que liderará Sánchez. Ni tampoco ha sentado nada bien al presidente saber que Iglesias piensa nombrar a su hombre de confianza Nacho Alvarez, jefe de economía social como Secretario de Estado a la sombra de la vicepresidenta de Economía, Nadia Calviño.

En ese marco de acelerados acontecimientos a los que estamos asistiendo aflora también las manifestaciones del significado socialista Joaquín Leguina y el no menor exembajador en la Santa Sede, Francisco Vázquez (como otros barones socialistas que también están en esa línea pero tapados) en el sentido de que se debe “reconstruir el PSOE”. Como se ve, a destiempo pero claro.
Por tanto, son muchos los signos que indican cuál será el proceloso camino que más pronto que tarde ha de recorrer el presidente Sánchez. Conjugar todos ellos no le va a ser fácil, sin duda, y será curioso conocer cuál será el efecto de su lidia. Ya veremos.

Pero, sobre todo, Sánchez tiene sobre sí tres firmes amenazas: una, recomponer la confianza perdida entre millones de ciudadanos precisamente por su opacidad censurable; dos, la credibilidad en su gobernabilidad, que Europa necesita¸y tres, qué les dirá a todos esos grupos con los que ha pactado cuando acudan a requerirle: ¿QUÉ HAY DE LO MIO?