Miguel Velasco – ¿Qué harán con España?

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Vista desde una perspectiva absolutamente apolítica y sin apasionamiento –como ciudadano de a pie- la situación que del futuro de España se percibe en este momento es más bien dudosa y poco risueña. No sé si con el paso de los días (incluso de las horas, que ese es el ritmo vertiginoso de este tiempo político) la cosa mejorará. Y eso es lo deseable sin duda. Tampoco las recientes elecciones padecidas por el sufrido electorado no sólo no han despejado el lio de las de abril, sino que han diseñado un espectro todavía más incierto, más complicado y más confuso respecto hacia dónde quieren llevar a España. Según el eurodiputado García-Margallo, la deriva que tomaría tras el preacuerdo del socialista Sánchez y el comunista Pablo Iglesias el posible nuevo gobierno iría –decía- hacia una fórmula de gobernabilidad aliada entre socialista-comunista-secesionista, cuya fórmula no ha tenido en la historia más que escasos precedentes en Europa y vanos resultados. Por lo mismo, proponía la formulación de un Gobierno de Salvación Nacional como último extremo y dejando a un lado aquello de los de índole de concentración o coalición. Parece a bote pronto excesivamente radical. Pero nunca se sabe. No hay que olvidar la situación tan confusa a la que estamos asistiendo tras la dispersión del voto en los recientes comicios, que dan lugar a pocas alegrías para la consolidación de un gobierno estable y fuerte como el país necesita. Si a eso se une el enfrentamiento de los partidos (mejor dicho de sus líderes, que con otros estaría por ver); el inesperado y sorprendente pre-acuerdo ya famoso, gestado en el más riguroso secreto y parece que con urgencia de Estado (que por cierto no ha convencido masivamente ni a militantes del PSOE ni del sector comunista, que van a dar contestación sin duda); la falta de síes para la investidura de revalidación de Pedro Sánchez; la desaparición de Albert Rivera –y la consiguiente debilitación de Ciudadanos como partido bisagra y de templanza entre las dos fuerzas de izquierda ahora aliadas); la posición separatista de Cataluña y la decisión de la Justicia en aplicación de la Ley y la Constitución (que tarde o temprano tendrá que tener un pronunciamiento); el más que cuestionado estado de las autonomías; las groseras reivindicaciones de los grupos violentos de los CDR amenazando a Sánchez con el retorno a la “barbarie” (y con ello aún mayores cauces de destrucción de la soberanía nacional) si no se cumplen exigencias como la amnistía a 40 presos golpistas. Retirada de Policía y Guardia Civil de Cataluña. Derogación de lo que llaman Ley Mordaza y dar a Cataluña la independencia. Lo que todo parece indicar que el panorama político no es fácil de afrontar con la adopción de medidas débiles y de siquiera preacuerdos. Y teniendo en cuenta, al tiempo, que las relaciones del político socialista con la Corona no pasan por sus mejores momentos tras su imposición al Rey su forzada asistencia a los actos del V Centenario de la fundación de La Habana( Cuba), aun amparándose en la “conveniencia diplomática”.

En consecuencia, que a la vista de ese panorama cabe la incertidumbre de ¿qué van a hacer con España? De todo ello es bien evidente que el país podría sufrir una radical transformación en su gobernabilidad (o desgobernabilidad) que originaría lo que es más grave aún: un cambio de la formulación del Estado con todo lo que llevaría implícita esa nueva situación política, después de más de cuarenta años de una convivencia consensuada donde quedaron enterrados el odio, el rencor, el fanatismo, la radicalidad y la intransigencia. Nada menos. Todo lo que sea quebrar ese ritmo carecerá de sentido si ello supone la alteración de la convivencia y el retorno al enfrentamiento indeseado.

Por eso no es descabellado preguntarse ¿qué harán con España?