Miguel Velasco – La instalacion de los elevadores por el Ayuntamiento

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El equipo de Gobierno municipal, liderado por Clara Luquero (con el respaldo evidente del concejal de Participación Ciudadana, Torquemada) andan estos días contentos al haberse aprobado por la Junta de Gobierno Local (que deberá refrendar en su día -o no- el Pleno Municipal) la instalación de un ascensor que salve el trabajoso desnivel de la calle Gascos. Un proyecto con el que venía encariñado el equipo de Gobierno y que ha refrendado la respuesta popular de la ciudadanía a través de la herramienta conocida como “Presupuestos Participativos” que tuvieron su ensayo el curso pasado y que en el presente han contado con 90 iniciativas más. No parece mal que desde las instituciones se faciliten a los ciudadanos instrumentos suficientes para dejar oír su voz y la concreción de sus aspiraciones hacia una ciudad más habitable. Otra cosa es que esos instrumentos se viabilicen de forma honesta y de acuerdo con lo establecido en las normativas al caso. En esta ocasión no parece estar de acuerdo el Partido Popular impugnando ante la Junta Electoral un anuncio del Ayuntamiento instando a la ciudadanía a participar en aquel documento, que ha provocado la reacción de Torquemada calificando esa actitud (desestimada por cierto por la Junta) como de auténtica vergüenza.

Salvado este incidente, en lo quiere poner hoy el foco “La calle” es en las consecuencias urbanísticas de lo que supondrían esos proyectos de elevadores previstos para la calle Gascos y el Paseo del Salón que, si bien en un principio se presentaban como meras ideas de la gestión municipal parece que van cobrando forma, lo que sin duda provoca la alerta. Sin ser de los dos el de la calle de Gascos el que menos impacto puede causar -por su ubicación y sin que pueda alterarse la actual composición del conjunto) cabe sin embargo hacer una reflexión, a pesar de gozo de la alcaldesa Luquero: según afirma, que de los 480.000 euros estimados por los técnicos en su día, el presupuesto aprobado finalmente para ese proyecto se ha disminuido hasta los 119.229 euros (es decir, a la cuarta parte de lo previsto por los técnicos ¡vaya diferencia de estimación!) lo que hace suponer que algo no cuadra. Piensen y sean prudentes.

Otra cosa es lo referido al Paseo del Salón, respecto al que -siendo todavía una idea- no se ha concretado si se enfocaría al elevador mediante ascensor o escalera mecánica. En cualquier caso surge aquí la duda de la oportunidad -que no necesidad- de esa tipo de dotación urbanística o no. Y se aconseja también la prudencia necesaria a la hora de pensar en ello. Si tanto en un caso como en otro (me refiero a una u otra escalera: tanto la noble desde la calle San Millán o la accesoria desde el Paseo de los Tilos) supusiera, como parece exigir la obra- en un caso destruir la escalinata principal reconvirtiéndola en un adefesio mecánico agresivo con el entorno o, en otro, destruir también el talud bajo el paseo del Salón que tanto admiraba el marqués de Lozoya y el urbanista Chueca Goitia, merecería la pena repensárselo evitando cualquier agresión al paisaje que acabara con entornos de gran predicamento urbanístico que tantos años ha costado conservar para su legado al mundo civilizado de esta y próximas generaciones. En el caso del proyecto de la estrecha escalinata del Paseo de los Tilos, es evidente que ya cuenta actualmente (para obviar las escaleras) con otras opciones como el Paseo del propio nombre hasta el Salón. Con ascensor además allí para acceso cómodo a la calle Real. Por tanto me parece innecesaria la realización de semejante proyecto de elevador -bien mediante ascensor o escalera mecánica- a cambio de dotar a la parroquia de una comodidad relativa, siempre agresiva con el paisaje. Sólo es, claro está, una opinión entre los cincuenta mil pensantes segovianos.