Miguel Velasco – Con la que tenemos encima (y la que se avecina) ¿están seguros nuestros ahorros?

“Corralito”: Se denomina “corralito” a la restricción de libre disposición de dinero en efectivo, de plazos fijos, cuentas corrientes y Cajas de Ahorro impuesta por el Gobierno.

Vaya por delante –y así lo hago constar- que mis conocimientos sobre la macroeconomía, el sistema bursátil, el Ibex, el Dow Jones, la bols ,y todas esas cosas financieras son ciertamente exiguos. Tampoco me ha interesado nunca por ello. Y, por tanto, el contenido de “La calle” de hoy será merecedor más de indulgencia que de crítica. Viene a ser una recopilación de aspectos preocupantes podrían tener un alcance insospechado dentro de poco y que por estar constantemente en los medios de comunicación –ni siquiera especializados- se encuentran al alcance de cualquiera. No hay más que fijarse en conceptos como caída del PIB, acumulación de la Deuda, emisión de Bonos europeos, elevación de impuestos (patrimonio, sucesiones, transmisiones patrimoniales ,sociedades), recesión económica, nuevas medidas fiscales, nacionalizaciones, intervención y nacionalización de empresas y entidades financieras, quiebra de la caja de la Seguridad social, pensiones, paro, ceses de actividad, pago de los ERTEs,etc. que tanto manejan en este momento de crisis los políticos de cara a lo que llaman recuperación o reconstrucción social y económica de España. Incluso reparamos en la petición de Pedro Sánchez (lo que debe ser muy grave) proponiendo al Consejo de Europa para España la liberación de un billón y medio de euros a través de mecanismos de Deuda perpetua avalados por los presupuestos comunitarios, lo que ha sido acogido por Bruselas con no poca frialdad y por falta de madurez. Y ante semejante situación el propio Gobierno está sugiriendo (de momento) que los Ayuntamientos piensen en aplicar sus superávit y posibles ahorros de cara a tan necesaria reconstrucción del país cuando pase la que tenemos encima. Ante todo ese maremágnum de conceptos no es extraño que al ciudadano medio le entre una cierta desazón por sus ahorros y corra a retirarlos de las entidades bancarias Eso se produce en situaciones de crisis y desconfianza sobre el sistema financiero y económico. Y es entonces cuando se recuerdan ejemplos de “corralitos” como el de Argentina (en el 2001), Chipre (2013) o Grecia 2015. O incluso con la situación de España en el 2017 cercana a esos presentimientos a raíz de la crisis del Banco Popular (todavía coleando), rescatado o salvado por la compra por el Banco de Santander simbólicamente por un euro. También han despertado no poca alarma las intenciones de Pablo Iglesias cuando afirmaba que “toda la riqueza del país en sus distintas formas y sea cual fuere su titularidad, está subordinada al interés general” (artículo 128 de la Constitución (,de la que tanto sabe) lo que podría traducirse en la nacionalización de empresas y socializar los ahorros. O la opinión del Banco de España: “La economía española registrará en el 2020 un desplome sin precedentes”.

En este sentido hay en las redes un tranquilizador informe del experto Vicente Varó (de FINECT-Asesores Financieros) a propósito de si en España podría subvenir un “corralito”, donde se explica el fondo al alcance de cualquiera: dice que el dinero que tenemos en cuentas corrientes o depósitos en cualquier entidad de ahorro está garantizado hasta 100.000 euros por cuenta. Se garantiza por el Fondo de Garantías de Depósitos. Tal garantía no se aplicaría en caso de crisis a partir de esa cantidad ni si estuvieran en fondos de inversión. Si ese Fondo de Garantía no tuviera dinero para responder en ese momento España tendría que acudir a un rescate europeo.

Para mayor tranquilidad el experto añade que para mayor solvencia de las entidades bancarias, se las ha forzado a tener mejor liquidez (ratio de capital) . “Si la recesión actual –añade- a consecuencia del coronavirus fuera muy larga y muy profunda, se dejan de pagar los créditos, préstamos o deudas, se disparase la morosidad, los balances se deterioran e hiciera falta una respuesta europea que respaldara a las entidades financieras no con tanto dinero público y se echaría mano de los propios clientes de la entidad sobre todo con depósitos de más de los 100.000 euros y los accionistas, que deberían aportar parte de ese rescate”.

Entonces, a la vista de lo que tenemos encima (y la que se avecina) no es extraño que surjan dudas y se genere una cierta desconfianza sobre la solvencia del sistema económico. Hombre, según los expertos, la situación no es tan grave ni España podría llegar a esos extremos, pero el personal de la calle que –como yo- nuestros conocimientos sobre estos temas son más bien exiguos, no deja de producirnos cierta desazón sobre nuestros ahorros, fruto del trabajo, de las privaciones y del sentido previsor (por si acaso ,como se decía antes). En lo que debo insistir es en el relativo rigor de este comentario que, como decía al principio, no viene a ser más que un panorama de lo que flota a nivel popular, por lo que requiere una dosis de indulgencia. Doctos en macroeconomías habrá que aportarían si llegara el caso mayor testimonio de rigurosidad.