Viva el Rey

Un contundente ¡Viva el Rey! resonó al finalizar el acto celebrado en la Escuela Judicial de Barcelona. Durante los últimos veinte años, el Rey había entregado los diplomas a la promoción de jueces. Una tradición interrumpida hace unos días, cuando la presencia del monarca fue vetada por orden del Gobierno social-comunista que conduce Sánchez y copilota Iglesias. Toda una ofensiva anti-monárquica tan explícita que ha producido un profundo malestar entre los jueces y demás honrados ciudadanos. Por su parte, el presidente del Consejo General del Poder Judicial lamentó la ausencia del Rey haciendo constar que se le había impedido asistir en contra de su deseo. Se comprende así la reacción espontánea de uno de los vocales del CGPJ José Antonio Ballestero, que al concluir el acto, dirigiéndose a los asistentes les invitó a proclamar “con toda moderación, pero también con toda convicción”: ¡Viva el Rey! Así lo hizo el resto de la sala, rompiendo en aplausos. Lo cual motivó el comentario del ministro de Justicia Campo (que allí sobraba, en ausencia del Rey): “Se han pasado tres montañas”. ¿Cuántas se había pasado el Gobierno vetando la presencia del Jefe del Estado, en cuyo nombre se imparte la Justicia? Está visto que no quieren que siga siendo así. Tal vez, un engreído Sánchez pretende que la Justicia se imparta en su propio nombre.

Este grave suceso desborda el cúmulo de desaires y menosprecios que el Jefe del Estado ha recibido del Gobierno. Puede afirmarse que al día de hoy, el Ejecutivo que pacta con separatistas y bilduetarras se siente más próximo a las tesis republicanas que a las constitucionales representadas en la Monarquía. El responsable directo de estos agravios es el presidente de Gobierno y con él varios de sus peones, como el vicepresidente que insulta al Rey y a todos los ciudadanos que vivimos bajo el estado de derecho asentado en la Constitución de 1978. Este nuevo embate del Ejecutivo, amigo de separatistas, amenaza la paz social y desestabiliza la Justicia. No es un simple desajuste entre instituciones: es mucho más. Es una manifestación de deslealtad perpetrada por gobernantes perjuros que prometieron “lealtad al Rey”. El 13 de enero de este año tomó posesión ante su Majestad el Rey, el Gobierno encabezado por Sánchez. En ese acto el republicano Iglesias prometió “por su conciencia y honor cumplir fielmente las obligaciones del cargo de vicepresidente segundo del Gobierno”. Así mismo, sus colegas de investidura prometieron por su “conciencia y honor”, dando su palabra en un acto solemne, ante la Constitución a la que demuestran no acatar. Los más acomplejados, como el ministro de Consumo Garzón (cuya ineficacia crece cada día) se esconden en las redes sociales para acusar falsamente al Rey de maniobrar contra el Gobierno, mientras se hunde el turismo gracias a su desastroso trabajo ministerial. Una sórdida actuación que replican los garzonitas locales, comprometiendo cada vez más al gobierno de la alcaldesa Luquero, obligada a secundar la política anticonstitucional de sus socios.

Nadie duda que la intención de Sánchez e Iglesias sea volver al tenebroso guerracivilismo. Pretenden vaciar desde dentro las instituciones del Estado y conseguir por vía de hecho lo que nunca podrían obtener reformando la Constitución al carecer de representación parlamentaria. Una operación de liquidación del orden democrático vigente, aprovechando la situación de debilidad en que la pandemia ha sumido a la sociedad española, convertida en rehén de la política socio-comunista.