Miguel Ángel Herrero – Nueva política

Con el reciente acuerdo de gobierno en Andalucía entre PP y Cs se abre una nueva etapa de esperanza para una región maltratada por un régimen socialista durante casi 40 años. Ha sido posible gracias al buen sentido e inteligencia de los responsables del PP, que han captado cuál es al día de hoy la situación real. No así, Cs sometido a las consignas del francés Macron y alejado de la nueva realidad política que representa la incursión de Vox. El manual del político liberal comienza por la palabra “realismo” y sigue por afrontar los hechos tal como son, aunque no gusten. Los líderes del Partido Popular lo han entendido y han actuado en consecuencia, sentándose a debatir las propuestas del partido de Abascal. Por el contrario, Rivera parece preferir las reuniones con anti-sistemas y neo-comunistas.

La visión de estado del nuevo PP y su actitud de diálogo han llevado las conversaciones a buen puerto. Ambos partidos se benefician mutuamente y se complementan. El PP cuenta con una organización y un apoyo mayor que hoy no tiene Vox, ni lo conseguirá por mucho que crezca de aquí a mayo próximo. El éxito de Abascal consiste en que se oye su voz con claridad en todos los medios de información, rebajando el vocerío de los insoportables golpistas. Ha logrado que se debata libremente algunos tabúes que imponía la corrección política de ideólogos e ideólogas militantes en el pensamiento único. Ha conseguido que en la prensa, realmente libre, se opine sin restricción mental sobre la ley 1/2004, contra la violencia de género, que vulnera el principio de igualdad ante la Ley. No hay igualdad, si por el mismo delito recibe mayor condena el varón, por el hecho de serlo. Una ley aberrante con consecuencias graves que además no es efectiva (con todos los respetos a las víctimas, no a quienes se lucran a su costa). Ha denunciado el desafuero de la ley de Memoria histórica y defiende el derecho a recibir enseñanza en castellano en todo el país (increíble, pero cierto), etc. Son grandes asuntos para debatir que, la izquierda dogmatica trata de escamotear o impone sus soluciones prefabricadas.

Como hecho político y social, con la irrupción de Vox ha ganado la libertad de pensamiento. Sin entrar en sus principios, su modo directo y claro de hablar ha contagiado a otros voceros políticos y deja en evidencia a los vendedores de crecepelos infalibles y demás oportunistas. En especial, a los políticos que ayer denunciaban a la casta y ahora disfrutan de una lujosa dacha en Galapagar, con protección exclusiva a cargo del presupuesto general. Aquellos que pretenden dar lecciones de democracia y tratan de reventar las reuniones que no les gustan y asfixiar la libertad de expresión. Los enemigos de los trabajadores a los que quieren freír a impuestos. En una palabra, Vox ha conseguido resquebrajar la opresiva “corrección política”. Indirectamente (a pesar suyo), está curando la afonía que aquejaba al PP. Incluso el resto de los líderes no tienen más remedio que ir al grano, si quieren convencer. La espesura mental queda reservada para los ministros y ministras socialistas, como la balbuciente portavoz Celaá.

Tras el vuelco andaluz, se dibuja un horizonte complejo. Las próximas elecciones de mayo darán mucho trabajo a los analistas demoscópicos. Hay una gran oferta para poder elegir papeletas de todos los colores que a su vez se pueden combinar en tres circunscripciones: locales, regionales y europeas. En Segovia, descartando una gran mayoría (nada probable), habrá una combinación ganadora de dos o de tres, si hay acuerdos. El espectro de partidos refleja el de los colores del arco iris; desde el morado al rojo pasando por el naranja, el azul, y quizá el verde. Así que, simplificando, podría resultar un acuerdo entre tres (azul, naranja y verde) o en el otro extremo (rojo, naranja y morado). Lo que no se debe descartar es que el naranja de Cs se adaptará al mejor postor. En todo caso, con el vuelco del gobierno andaluz, se advierte una nueva política de mayor transparencia y libertad, que beneficia a los partidos de derecha y centro derecha. Especialmente, los votantes del Partido Popular agradecerán que su discurso haya abandonado las brumas del noroeste para respirar a pleno pulmón en la meseta, donde, por fortuna, se sigue llamando pan al pan y vino al vino.