Miguel Ángel Herrero – Atrapados en la Red

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Hace unos días se ha celebrado el trigésimo aniversario del nacimiento de Internet. Tres décadas de un portentoso crecimiento y transformación que la han hecho casi irreconocible, incluso para su inventor, el físico Bernes-Lee. Es lo que podría deducirse del discurso que pronunció el pasado 12 de marzo, aludiendo a los daños colaterales de la Red, o sea a los perjuicios derivados del mal uso que agentes privados y entidades públicas hacen de este fabuloso medio de comunicación. Internet fue concebida con la exclusiva finalidad de compartir información entre científicos.

Entonces, su autor trabajaba en el Centro Europeo de Investigación Nuclear (CERN por sus siglas en francés). En 1993 este organismo con sede en Suiza decidió abrir Internet al mundo, haciendo público el protocolo de la triple uvedoble (“www”). Desde entonces más de media humanidad utiliza, y es utilizada, sirviéndose de la gran Red y del enjambre de subredes sociales, comerciales, etc.

Sin duda, en el último siglo la ciencia ha contribuido a mejorar las condiciones materiales de la vida humana. Ha sido la invención más influyente a lo largo y ancho del mundo, entre otras razones, por ser accesible a tanta gente en todas las latitudes. Hoy es posible la transmisión instantánea de voz e imágenes, a cualquier punto del planeta. Son patentes las muchas ventajas que hacen más fácil la existencia terrena. Y sin embargo, en este mundo digital no todo son beneficios. De hecho, abundan submundos oscuros y peligrosos.

La realidad cotidiana también nos muestra sus desventajas. En el campo de la libertad e intimidad personal, basta recordar el affaire de la compañía Cambridge Analytica con la complicidad (u omisión) de Facebook en las elecciones americanas. También el masivo acopio actual de datos sobre hábitos y preferencias de los usuarios por intereses comerciales y políticos. La creciente desinformación e intencionada difusión de datos y noticias falsas (“fake news”) que intoxican las redes. La difusión de ideología alarmista sobre las terribles consecuencias del cambio climático y los excesos de la contaminación. Véase un ejemplo extraído de dos grandes titulares: “En Europa se produjeron casi 800 000 muertos en 2015”; “Los fallecimientos por contaminación del aire se duplicarán en todo el mundo”. O sea, que según los “expertos” además de las enfermedades ya conocidas como el cáncer, diabetes, ictus, etc., ¿han descubierto otra enfermedad mortal: la “contaminación”? ¿Cuántos certificados médicos se han extendido por esa causa? No estarán muy convencidos los augures del clima cuando utilizan a niños y jóvenes para su propaganda. ¿Quiénes son y qué pretenden? Entre las peores amenazas que invade Internet hay que denunciar la lucrativa explotación del comercio sexual y el de las apuestas online. Estudios estadísticos solventes afirman un consumo a gran escala de pornografía entre jóvenes y adultos. El afán de lucro y la ambición enriquece a algunos a costa de graves perjuicios personales y sociales. Las consecuencias nocivas, no sólo en jóvenes, se comprueba a diario en las consultas de psicólogos y psiquiatras. Efectos nocivos que afectan al entorno familiar y que están presentes en muchas de las rupturas matrimoniales. La adicción a la pornografía falsea el autentico valor de la sexualidad y envilece la imagen de la mujer convertida en objeto de consumo.

A pesar de lo dicho, pienso que el saldo es muy positivo y que predomina el uso correcto sobre el abuso. Al fin y al cabo, Internet es un medio, un poderoso medio, y como toda herramienta depende del fin que persigue quien lo usa. La experiencia de estos 30 años de Red, invita a conocer su correcto manejo. Y aconsejan tener una adecuada preparación, no tanto técnica, como de madurez psicológica. Es imprescindible contar con una seria formación adquirida en la familia y en la escuela. ¿Quién se pondría a los mandos de un avión sin la debida preparación? Cuando se pierde el control, las redes te atrapan. Y aquí, hay que preguntarse por la responsabilidad de las grandes plataformas, (Google, Tuitter, Instagram, etc.) en la difusión de contenidos (como la emisión de las brutales imágenes del asesinato en Nueva Zelanda), que sería ilegal para la Prensa en general.

Al final del discurso Berners-Lee mostró el deseo de que Internet pueda “cambiar hacia mejor”, contando con el esfuerzo de todos por construir una versión mejor. No es sólo cuestión técnica, los usuarios tienen mucho que decir y hacer, para conseguir un uso más ético e inteligente. Es lamentable que siendo ideada para el desarrollo científico pueda ser desvirtuada, incluso convertida en un peligro para el autentico progreso de la humanidad. Evitarlo está en nuestra mano. En parte la clave reside -una vez más- en la educación integral; no sólo técnica. En menos palabras lo escribió Baltasar Gracián: “Hace personas la cultura, y más cuanto mayor” (“Obras completas”; www.cervantesvirtual.com).