Metaverso suelto

De todos los huesos que sacaron en Atapuerca, hay dos calaveras que explican la cuestión mejor que la de Hamlet. El cráneo 14 perteneció a una niña de 10 años con discapacidad, que sobrevivió hasta esa edad con los cuidados y el amor de su grupo. Los mismos que la alimentaron y ayudaron a huir del tigre diente de sable, la enterraron con una piedra con forma de corazón al lado. La llamaron Benjamina. La mayoría de personas conscientes que están en política lo hacen por ella, atraídos por la magia de que el hombre sea capaz de constituir sociedades de individuos no emparentados que protegen a los débiles y renuncian a su propio beneficio en aras del bien común. Poco después, en la misma fosa y también con 430.000 años de antigüedad, sacaron el cráneo 17, un adulto de 20 con dos orificios mortales hechos con un mismo objeto punzante. Imposible que fuera una caída, ya que las lesiones fueron realizadas de arriba a abajo. Fue arrojado ya cadáver. Lo llamaremos CR17. Unos cuantos inconscientes entran en lo público atraídos por la idea de acaparar todo el poder y disponer de la libertad ajena en aras de una visión personal de lo colectivo. Para cuidar a Benjamina, piensan, hay que matar antes. La historia de los totalitarismos, incluido esta peligrosa y ridícula secuela de Putin, está llena de CR17s agujereados por los que impusieron a la fuerza su visión de parte.

El origen de los partidos políticos surge para representar a las partes, ya sea el capital, el trabajo, las regiones o las religiones, que quieren cuidar a sus Benjaminas sin matar al de enfrente. Organizaciones que compiten primero por su propia supervivencia y segundo, para ganar elecciones y gobernar. Esto supone matar (políticamente) a los rivales y, a veces, a los propios militantes que discrepan. El criterio que importa es el oficial del partido, después el de las encuestas y, por último, el personal. Esto crea el metaverso de los partidos, un mundo virtual que gestiona la democracia (“demo” por fuera, “cracia” por dentro) unido por la ficción de poseer la exclusiva de cómo ayudar a Benjamina y por el prejuicio de que los de enfrente se equivocan por maldad y los disconformes de al lado por ambición. Sus sedes nacionales evitan las discrepancias de los versos sueltos que rompen la armonía del metaverso y limitan las individualidades. La carrera política es la única en la que la liebre intenta ganar al corredor que le contrató y en la que el cartero se queda a flirtear con la enamorada del emisor. Las purgas se han ido humanizando. Antes se les incluía en listas y ahora se les saca de ellas. Antes se les mandaba a Siberia y ahora a Bruselas que, quieras que no, cierra un poco más tarde.

Paradójicamente, el partido ideal es el que atrae más sensibilidades (el PSOE de Guerra y Solchaga o el PP de Aznar y Gallardón) pero eso solo funciona cuando se gobierna y se hace de forma ordenada. Los políticos que rompen el monoteísmo partidista y juegan a dioses alternativos lo hacen por sus votantes, por vanidad o por despecho. Necesitan tener poder regional y estar dispuestos a perderlo porque puede que los partidos congelen la crítica, pero donde realmente hiela es fuera de ellos. Empiezan oyendo “quédate, que las noches sin ti dueeelen” y acaban con “déjame, que yo no tengo la culpa de verte caeeer”.

En el caso socialista, Page añora el pasado, coincidiendo con el sentir mayoritario de sus votantes, el alma jacobina que coexiste en el PSOE. También desliza que Sánchez no deja aire con que respirar y que él sería una alternativa. La primera parte, bien; la segunda, mal. Ayuso, en cambio, sueña con el PP del futuro y aunque ya tiene el cráneo de Casado, dice conformarse con Madrid, aunque los enemigos internos saben que el ejército ayusista “los tercios de Mahou” querría invadir el PP nacional. Yolanda Díaz, puesta y postergada por Podemos ya ha visto que no tiene un partido detrás. Los mismos que la promocionaron la acusan de “Dolce Guevara” por su facilidad para adaptar el comunismo al poder. Y lo de Macarena “RemOlona” es solo personal. Después de ser puesta a dedo y fallar en Andalucía acusa a VOX de falta de democracia ¿no hay ética en el temario de abogados del Estado? Lo hablará con Mario Conde después de ver a Meloni ganar en Italia.

El cuándo y el cómo del verso suelto refuerza o debilita al metaverso de los partidos. Si respetan la métrica se les perdona la rima y se les imita un rato, aunque habitualmente molestan y les limitan para siempre.