Mear fuera del tiesto

Hace seis años, Juan Carlos Monedero, cofundador de Podemos, regularizó su deuda con Hacienda –pagó casi 200.000 euros– y se libró de un proceso penal por delito fiscal gracias a que la Agencia Tributaria no dio con él ni en su casa ni en su trabajo. Monedero realizó unos trabajos de asesoría en 2010 a los Gobiernos de Bolivia, Nicaragua, Venezuela y Ecuador y los declaró en 2013 a través de una sociedad “Caja de Resistencia Motiva 2”, que creó tres años después de hacer los trabajos. Con ello se ahorró algo más de 100.000 euros que le hubiera tocado pagar por el IRPF. Un fraude tributario que no se pudo sancionar gracias a su oportuna declaración complementaria, hecha once días después de que la prensa hiciera pública la noticia. Monedero se dirigió en un mitin al entonces al ministro de Hacienda del PP y le dijo con ese tono humilde que le caracteriza: “Montoro, no te tengo miedo, tengo mis cuentas en regla y pagados todos mis impuestos”.

Efectivamente, ese mismo día había ingresado 176.000 euros más un recargo del 15 por ciento. Su partido, Podemos, dijo entonces que “la existencia de una declaración complementaria voluntaria implica por ley que no existe fraude fiscal” y su máximo responsable, Pablo Iglesias, que ni se imaginaba que un día sería vicepresidente del Gobierno, se apresuró a salir en defensa de su compañero: “Ha dado un ejemplo de honestidad como ningún político”. Cualquier parecido con la actualidad es pura coincidencia. La diferencia está en que Podemos no es un pequeño partido de la oposición, sino que, ahora es un pequeño partido cuyo primer dirigente es vicepresidente del Gobierno de Pedro Sánchez y aun cuando su agenda tiene más huecos en blanco que ocupados, le sirve para marcar el rumbo del Gobierno y para poder de vetar acuerdos con la oposición, atacar a la Corona, a la Justicia o a los medios de comunicación. No hay duda de que quien tiene el poder se lo permite, cuando no le impulsa a ello.

Creo que ya cité en otra ocasión el consejo del secretario de Defensa de Estados Unidos, Robert McNamara, al presidente Johnson en relación con el todopoderoso jefe del FBI, Edgar Hoover. “Es mejor, le dijo, tener al indio dentro de la tienda meando hacia fuera que fuera de la tienda meando hacia dentro”. Seguro que Sánchez piensa lo mismo de Pablo Iglesias. El brillante político norteamericano –profesor en Harvard, presidente de Ford, secretario de Defensa con Kennedy y con Johnson y, luego, presidente del Banco Mundial, nada que ver con el currículo de Iglesias–, fue, sin embargo, uno de los principales responsables de la guerra de Vietnam que él mismo calificó después de “equivocada, terriblemente equivocada”.

No sé si a Pablo Iglesias le pasará lo mismo que a McNamara. No me refiero a su currículo sino a sus errores. De momento, se parece mucho al indio que desde la tienda mea fuera. Con cerca de 100.000 fallecidos por el Covid, sin vacunas suficientes ni un plan para conseguir la inmunidad de grupo, con 300.000 empresas destruidas y 400.000 autónomos arruinados, sin ayudas directas, como las hay en toda Europa, o con anuncios falsos, como el de los 11.000 millones, con un millón de trabajadores en ERTE y muchos pensando en que perderán su empleo, con los ERE anunciados en El Corte Inglés, en el BBVA, en Bosch y en otra muchas empresas, con el concurso de acreedores en Abengoa, con sectores como el turismo y la hostelería en bancarrota, legislando en lo innecesario y olvidando lo imprescindible, sabiendo que o se remonta la economía rápidamente o vamos a la quiebra…, en lugar de presentar un proyecto sólido, consensuado con la oposición, de saber en qué se va a gastar el dinero que ha prometido Europa o de garantizar una rápida vacunación, el vicepresidente del Gobierno de Pedro Sánchez se dedica, un día sí y otro también, a mear fuera del tiesto. Y siempre que no lo haga dentro o no moje mucho, Sánchez tranquilo.