Más que ajedrez | Fischer y Karpov: vaya par de genios

La gran mayoría de los lectores y aficionados del mundo entero fueron conmovidos cuando en Islandia en 1972, el estadounidense Robert James Fischer consiguió doblegar al ruso Boris Spassky en lo que se denominó el “Match del Siglo”, debido a las connotaciones políticas de la Guerra Fría.

Pese a la controversia generada por Bobby Fischer, por sus altas exigencias a la organización llegó, por ejemplo, a hacer desarmar una silla en busca de posibles micrófonos; finalmente el norteamericano, tras hacerse mucho de rogar, jugó el match y consiguió el título de Campeón del Mundo venciendo a Spassky 12,5 a 8,5. Pasado poco tiempo y como bien dicen en Inocent moves,Bobby Fischer hizo la jugada más original e inesperada de todas: Desapareció.”

Llegados a este punto, las autoridades de la URSS estaban plenamente convencidas de que tenían un nuevo rival capaz de recuperar, para el orgullo soviético, el título mundial que Fischer les había arrebatado: comenzaba a brillar la estrella de Karpov.

El joven Anatoly se encargó de superar con solvencia a los también soviéticos Polugaevsky, Spassky y Korchnoi, en el torneo de candidatos, consagrándose como retador del campeón. Fischer puso demasiados impedimentos para poder poner en juego su corona y la FIDE decidió coronar a Karpov como 12º Campeón Mundial de Ajedrez, eso sí, sin haber disputado una sola partida.

A partir de este momento, Anatoly Karpov se propuso demostrar que, pese a la extrañeza de su coronación, merecía con creces el título. Obtuvo victorias excelsas en el Campeonato Soviético de 1976, Bad Lauterberg 1977 y en otros muchos torneos de fuerza similar, recorriendo medio mundo ganando torneos con el afán de quitarse la sombra alargada de Fischer de encima.

Para la desgracia de Karpov y la alegría del mundo ajedrecístico, al otro lado de las montañas de Azerbaiyan comenzaba a emerger la figura de un tal Garri Kasparov, pero eso amigos lectores, es otra historia.