Martín y Gómez: lo que pudo haber sido

Qué buen poeta hubiera sido Francisco Martín y Gómez si se hubiera deshecho del eco de voces ajenas, de los trazos ya marcados previamente por otros –Alberti, García Lorca, Jorge Guillén-; si hubiera huido del verso fácil, popular, populista; de la rima forzada, de la palabra postiza. Dominaba las herramientas técnicas y poseía un buen poso cultural. Le hubiera sido posible ser un buen poeta, a pesar de que pueda parecer todo lo dicho demasiado atropello para sacar adelante tal empresa. A veces, juzgamos con mayor dureza lo que pudo haber sido que lo que fue.

En ocasiones, en este libro del que hablamos, ‘Mar sin mar’, el poeta se suelta el pelo y crea imágenes bellas que se desembarazan de la inmediatez racional, y van más lejos (los ocasos no pueden/ nada contra lo eterno); (la noche con sus puñales,/ saltando las azoteas,/ va asesinando la tarde. Huele a Lorca, es Lorca. Pero también bello); (Impaciencia: ventanas/ geometrizando azules/ subastan la mañana. Sabe a Guillén. Es Guillén. Pero también bello). No puedo decir lo mismo cuando es la sombra de Alberti la que se esparce por el poema: demasiados veleros, barquitos, marineros, ansia de mar de mar desde la mar de tierra.

Martín y Gómez, ya se ha dicho, tenía bazas para el buen hacer en el campo literario

Puede parecer que incido en lo negativo: es el síndrome de la frustración del lector: esperar más de lo que al final encuentra. ‘Mar sin mar‘ –y entiéndase lo que digo como mérito- rompe con la tradición en la lírica segoviana de poemas épicos, de personajes históricos, de paisajismo bucólico a lo Gabriel y Galán, de versos anclados en el historicismo o en la versión más pobre del modernismo. El problema surge cuando tantas referencias ahogan la voz propia, impiden a la composición vivir su propia vida, manifestar su cualidades específicas, mostrarse ante los demás como una obra compleja pero propia. Una pena, porque Martín y Gómez, ya se ha dicho, tenía bazas para el buen hacer en el campo literario.

No le hace ningún favor al libro, más bien lo contrario, el epílogo que escribe Alberto Camba bajo el rimbombante epígrafe –todo en él era rimbombante- Un ensayo sobre poesía. Camba permanecía anclado en las catacumbas artísticas de setenta años atrás. Lo escribió como presidente del Ateneo segoviano. Llega al extremo de definir la bondad del poeta Martín y Gómez porque “no se deja invadir por esa melancolía patológica tan en boga entre los esquizofrénicos del vanguardismo”. Por desgracia, esa mentalidad predominaba en algunos personajes del mundo artístico -y de otros mundos- de Segovia. En 1931.

Ficha técnica

‘Mar sin mar’ (1925-1930)
Francisco Martín y Gómez
Ateneo Segoviano
Segovia, 1931