Mariano Herrero Encinas – Los nitratos y el porcino… No tan simple

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El pasado jueves 10 de octubre participé en Sanchonuño en una jornada sobre reducción de emisiones e impactos ambientales de las granjas porcinas: técnicas y estrategias de mitigación. En mi presentación tuve la ocasión de analizar y referirme al caso de Ochando y al de otros municipios de la provincia de Segovia que en el último año habían tenido restricciones en el suministro de agua por problemas de calidad ligados a altos niveles de nitratos. Sólo un día después, el viernes 11 de octubre, el programa televisivo “La sexta columna” abordó también el mismo tema y con la misma referencia geográfica: Ochando. Para que no hubiera ninguna duda, el reportaje lo titulaban “Ochando, el pueblo que lucha contra la España vaciada y la falta de agua potable: así es vivir entre garrafas y purines”.

En mi presentación del pasado jueves analicé, entre otros escenarios, el de la contaminación nitrogenada de los acuíferos por fuentes agrarias difusas. Tema realmente complejo y para el que no sirven simplificaciones. Para ello me basé en el análisis de los documentos y memoria técnica que acompañaba la propuesta realizada en 2017 por la Junta de Castilla y León para la revisión de zonas vulnerables a la contaminación por nitratos. De acuerdo con esa propuesta se ampliaría el área declarado como vulnerable multiplicando por 10 las hectáreas con respecto a la situación actual y pasando de 67 a 716 los municipios incluidos en esas zonas.

En su día esta propuesta fue recogida por los medios de comunicación con titulares tales como “Más de 700 municipios de Castilla y León tienen sus aguas contaminadas por nitratos de origen ganadero” o “Los nitratos del porcino contaminan las aguas de más de 700 pueblos en Castilla y León”. Estaba claro quién era el culpable y si hubiera alguna duda, una buena foto de cerdos o una cuba de purín al pie del titular para disiparla.

Pero ¿qué decía el informe? La Memoria de la Junta de Castilla y León decía que de las 16 zonas a declarar como vulnerables en sólo 6 de ellas se considera la actividad ganadera como una causa importante en el posible origen de la contaminación, descartándose en las otras 10 zonas por tener una carga ganadera baja o muy baja. En todas las zonas la actividad agrícola está presente y en algunas de las zonas debe considerarse también como relevante la contaminación por aportes procedentes de las áreas urbanas.

Pero qué más daba si nadie tiene el tiempo ni el interés de leerlo y además todo está ya más que claro; para eso están los titulares y las redes sociales.

Volvamos a Ochando, pequeño pueblo de la provincia de Segovia que lleva desde 2014 con problemas de suministro de agua por altos niveles de nitratos (y arsénico en algunos periodos). Según los datos oficiales publicados por la Junta de Castilla y León, accesibles para todo aquel que tenga interés, el factor agroambiental del municipio de Santa María la Real de Nieva, municipio al que se encuentra adscrita la localidad de Ochando, es de 26,5 UGM/ Ha. Lo que significa que tiene una presión ganadera “BAJA” (niveles entre 25 y 50 UGM/SAU).

¿Pero el caso de Ochando es un caso único? ¿Un caso aislado? ¿La excepción que confirma la regla? Ampliemos el estudio y analicemos la situación de los seis municipios segovianos que en 2018 tuvieron restricciones en su suministro de agua por problemas de contaminación: Lastras del Pozo, Cabezuela, Ortigosa del Pestaño, Lastras de Cuéllar y Adeanueva del Codonal, además de Ochando. El factor agroambiental (carga ganadera) de estos municipios es respectivamente 26,3 (BAJO), 169,4 (MUY ALTO), 58,8 (MEDIO), 75,3 (ALTO), 3,3 (MUY BAJO) y 26,5 (BAJO).

Si nos quedáramos sólo con los datos de Cabezuela (169,4) o de Lastras de Cuéllar (75,3) la autoprofecía se cumpliría: la ganadería –los cerdos por simplificación- tienen la culpa. Pero hay que ir más allá. También hay que explicar los casos de contaminación en los municipios que tienen cargas ganaderas bajas como Lastras del Pozo (26,3) o muy bajas como es el caso de Aldeanueva del Codonal con cargas ganaderas ínfimas (3,3 UGM/Ha).

¿Se puede sacar alguna conclusión de todo esto? La respuesta es “SI”: que problemas complejos no se pueden abordar desde una lectura simplista y estereotipada. Y la contaminación nitrogenada de los acuíferos es un asunto complejo, y mucho. Con planteamientos simplistas sólo lograremos poner el foco, la presión y la estigmatización sobre una de las partes y el problema seguirá estando allí sin resolverse.

Situación similar ocurre con las emisiones de Gases de Efecto Invernadero (GEI) responsables del calentamiento global. Según los datos oficiales del Inventario Nacional de Emisiones 2019, la contribución de la ganadería española correspondía sólo al 7,6% del total de emisiones de GEI de nuestro país. Siendo los sectores que más contribuyen a las emisiones de GEI los del transporte, el de la generación eléctrica y el industrial. La situación en Europa y en el mundo es similar: el sector agrario aporta alrededor del 10% del total de GEI y la ganadería contribuye sólo alrededor del 6% del total de las emisiones. A pesar de todo ello la opinión pública y publicada parece que lo tiene claro:”hay que reducir el consumo de carne para frenar el cambio climático”. Y por supuesto todo ello amparado en informes oficiales como ha ocurrido este mismo año tras la publicación del informe “Climate change and land” de la ONU. De nada valió que los autores del informe salieran rápidamente a explicarlos, dando lugar a titulares tan directos como “Las vacas no tiene la culpa del cambio climático, la tienen las personas”. Dio igual…la carne era el centro de todos los males del planeta.

Por último y para que no haya ninguna duda, yo trabajo y vivo del porcino, como miles de segovianos, decenas de miles de castellanoleoneses y centenares de miles de personas en España, contribuyendo cada día con nuestro esfuerzo a la sostenibilidad de nuestro país. A la sostenibilidad en su triple vertiente: económica (14% del PIB industrial), social (generando empleo y desarrollo rural) y medioambiental (valorizando nuestros estiércoles en lo que ahora llaman “economía circular”).


(*) FEASPOR.