Malversación a la carta

A fuerza de asistir a las contorsiones del lenguaje para justificar lo injustificable, parece que a nadie le sorprende ya escuchar al presidente del Gobierno defendiendo la idea de que la derogación del delito de sedición puede encajar en una supuesta agenda de “pacificación” de Cataluña, de la que ya fueron hitos destacados los indultos a los separatistas condenados por el Tribunal Supremo.

Una agenda de la que no se recatan en incluir la reforma de otro delito: la malversación. Delito por el que en su día también fueron condenados los cabecillas del “procés” y por el que tienen abierta causa varias decenas de ciudadanos que participaron en aquella asonada. Desde ERC, el socio parlamentario que junto a Bildu facilitó al Gobierno la aprobación de los Presupuestos, exigen la modificación “quirúrgica” de la malversación -la expresión es de Gabriel Rufián- en la idea de que el apaño se ciña en exclusiva al ámbito de los afectados judicialmente por su participación en la sedición.

Malversación a la carta. Con Sánchez en las palancas de mando no hay que descartar que lo consigan para que Oriol Junqueras, el cabecilla de la intentona, pueda concurrir a las próximas elecciones aunque esté inhabilitado durante 13 años para ejercer cargo público porque el indulto anuló la prision pero no la pena por malversación. La malversación es el delito de corrupción clásico. Consiste en distraer el dinero público para beneficio propio o para allegar fines políticos -caso de los implicados en el “procés”, en los ERES del gobierno socialista de Andalucía o en el caso “Púnica” que afectaba al PP.

Reformar a la baja el delito como exige ERC, y Pedro Sánchez parece dispuesto a procurar, retrata un forma de hacer política alejada de todo escrúpulo democrático. Sí tal reforma -quirúrgica o generalizada- sale adelante será un día triste para la democracia y Pedro Sánchez habrá culminado su enésima contorsión. Todavía se guarda memoria de cuando calificaba de rebelión lo sucedido en Cataluña. Ahora -lo ha dicho el día de la Constitución en una conversación informal con periodistas-, el Gobierno se abre a una “reforma limitada de la malversación”. Más que ironía es un sarcasmo que estemos asistiendo a este tipo de maniobras por iniciativa de un Gobierno que llegó al poder tras la moción de censura que tumbó a Mariano Rajoy utilizando como palanca y retorciendo la sentencia del caso “Gürtel”, otro caso de corrupción.